El Loto Azul era llamado Seshen por los antiguos egipcios
El Loto Azul era llamado Seshen por los antiguos egipcios
 
El Loto Azul del Nilo, también conocido como Loto Sagrado del Nilo, no es un loto sino un nenúfar. Tampoco es azul, color que no existe en los nenúfares, sino violáceo.
Su verdadero nombre es Nymphea caerulea y es una especie originaria del norte y centro de África. La flor de este nenúfar tropical diurno tiene forma estrellada, pétalos violáceos en la punta que se aclaran hasta casi el blanco en la base, sépalos blancos y estambres amarillos con puntas violáceas. Los antiguos llamaron al loto azul Seshen.
Otro de los lotos que adornaban los estanques egipcios era el loto blanco o Nymphea lotus. En cambio el loto rosado, el Nymphea nelumbo, hizo su aparición en Kemet recién durante el Período Tardío, traído quizás por los persas. Puede que la importación tan tardía de esta flor sea la razón por la cual no tuvo ningún significado más allá del decorativo.
El loto azul en cambio tuvo un marcado carácter solar y fue símbolo de vida y renacimiento; mientras que el loto blanco se relacionó con el Disco Solar Nocturno. El loto azul fue el elegido por los egipcios como flor heráldica del Alto Kemet, el Valle, y símbolo del sur. El papiro tomó el lugar de representante del norte, siendo la planta heráldica del Bajo Kemet, el Delta.

Los egipcios no pasaron por alto una peculiar característica de esta planta acuática que pululaba en las orillas del Nilo; la flor una vez que se cerraba comenzaba a sumergirse a las últimas horas de la tarde, pasando la noche bajo las aguas y resurgiendo a la mañana siguiente para volver a abrirse con los primeros rayos de sol, orientándose hacia el Oriente.
Esta planta debe entenderse como un símbolo que reúne en sí tres elementos naturales: el fuego (es una planta solar), el aire y el agua. Según la mitología nace y se alimenta de las aguas del Nun, a las cuales regresa cada noche, o sea, es una planta que vive tanto en el mundo visible como en el invisible (entendido como la Duat). Su raíces se nutren de las aguas primordiales donde se origina toda vida, mientras sus pétalos absorben energía del Disco Solar.

Es comprensible que el loto azul se convirtiera en un símbolo o arquetipo de renacimiento, puesto que es una flor que “muere” a la noche pasando a existir en el submundo, y “renace” al alba gracias a la energía solar. Su fuerte perfume era asociado al aire y al aliento de vida.
Los difuntos asimilados a Wesir, los akhu, son los primeros que se benefician de esta simbología. En las paredes de las tumbas antiguas se solía representar una escena del mundo invisible: el banquete funerario. Momento en que los difuntos benditos no sólo se alimentaban a sus kau con las ofrendas servidas en mesas frente a ellos, también se les proporcionaba flores de loto para que, al aspirar su perfume, recibieran el “aliento de vida” y se beneficiaran de este símbolo mágico. Se debe entender entonces que en el mundo invisible el perfume de loto azul proporciona “vida” a quien lo inhala y disfruta de su fragancia. Este fuerte perfume se asoció además con el dios Nefertum, cuyo símbolo es el Seshen.

Veamos ahora cómo el loto participa de la cosmogonía egipcia siendo un símbolo del Sol y la creación. En la ciudad de Hermópolis el mito cuenta que el Sol surgió por vez primera del interior de un loto azul que flotaba en las aguas del Nun. Este primer momento del Zep-Tepi se representa bajo la forma de un loto que, al abrirse, revela en su interior a un niño pequeño; es el joven dios Sol manifestado en su Nombre de Nefertum.

El nacimiento del Sol surgiendo del loto azul se simbolizaba en los templos mediante la ofrenda de un loto de oro, material relacionado con el Sol y el renacimiento (de ahí que la cámara del sarcófago se llamara “La Sala del Oro”, lugar donde se llevaba a cabo la regeneración del difunto).

Por otra parte, el hecho de que los rizomas y semillas de esta planta fueran capaces de soportar terribles y prolongadas sequías y rebrotar en cuanto regresan las aguas, la ligaron íntimamente a la idea de resurrección del culto wesiríaco y a los rituales funerarios. Los lotos aparecen como una de las ofrendas infaltables para los dioses y los difuntos. El Capítulo 81 del Libro de la Salida al Día incluye una fórmula que el Akh difunto ha de conocer para poder “transformarse en Seshen”, o lo que es lo mismo, para transmutarse en la imagen que tomó el Creador en su primera aparición. El texto en cuestión dice:

“Soy el loto puro que sale llevando al Luminoso, el que está unido a la nariz de Ra. He descendido a buscarlo para Heru. Soy el loto puro que brota de la pradera pantanosa.”

La representación de esta alegoría la encontramos en un busto de madera polícroma de la tumba de Tut-ankh-Amun. Esta pieza delicadamente tallada muestra la cabeza del Rey surgiendo de una flor de loto azul. No nos encontramos ante el Nisut, sino ante Tut-ankh-Amun-Nefertum, el dios Sol que emerge de las aguas primordiales rejuvenecido. Se trata entonces de una pieza de arte cuya finalidad era mágica y no decorativa, un heka para la renovación constante del difunto.

Por último comentar que el extracto de loto se mezclaba con vino para conseguir una bebida de efecto narcotizante; es por esto que en las escenas de banquetes funerarios es común encontrar  flores de loto adornando y perfumando las jarras de vino. Durante los mismos banquetes los egipcios se representaban manipulando frutos de mandrágora los cuales, mezclados con alcohol, tienen efectos sedantes. No resulta desatinado entonces pensar que utilizaran flores de loto con la misma finalidad (no olvidemos que el Nymphea lotus fue comúnmente usado como anestésico en la primera Guerra mundial cuando los opiáceos eran escasos)

 
Por Siathethert

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