Templo de Iunet, la moderna Dendera

 

Es un error intentar comprender la religión egipcia desde el punto de vista de los griegos. La religión egipcia posee características propias que sorprendieron a los helenos de la antigüedad. Como Plutarco observó, los dioses egipcios han nacido o fueron creados, están sujetos a continuos cambios, al paso del tiempo y a la muerte, por lo tanto pueden perecer.

La contradicción que supone para la mente moderna el renacimiento de dioses, pues entiende la divinidad como sinónimo de eternidad, para los egipcios no era tal. Su pensamiento estaba dominado por el tema del eterno retorno, de la regeneración continua, muy ligado a los ciclos de la naturaleza, de la que podían tomar la imagen de cómo todo renacía tras la inundación anual del Nilo.

 

         ¿Por qué los dioses egipcios no se comportan como los inmortales dioses griegos? Porque para los egipcios el mundo de lo eterno, de la inmortalidad, es un mundo inexistente, es el mundo sin dioses anterior a la creación. Entonces la eternidad para el egipcio sería un retorno al no-ser. Y para los dioses la muerte es una necesidad, pues por medio de ella se regenera todo lo existente. Los dioses tienden a transformarse continuamente, algunos de ellos mueren pero ciertamente no es una muerte eterna, sino que en ella se renuevan, renacen recuperando así su juventud (un ejemplo es el viaje diario del dios sol Ra por el inframundo).

 

Es importante destacar que existe otra diferencia básica entre los dioses egipcios y los dioses griegos y romanos. El esquema de clasificación de dioses en apartados es inadecuado aunque se utiliza comúnmente para permitirle a nuestra mentalidad un pequeño acercamiento y comprensión de la naturaleza de cada deidad.

Por ejemplo, la noción del dios de la Guerra o la diosa del Amor no existen en el pensamiento egipcio, pero algunas divinidades pueden incluir esas cualidades dentro de sus características: Sekhmet, Bast, Nit son todas diosas guerreras; Hethert, Aset, Kadesh son también protectoras del amor.

Por Siathethert Shemsu de la Ortodoxia Kemetica.

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