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El rey Hor-em-heb realiza ofrendas de vino al dios Wesir

 

EL CULTO DEL DIOS AGRARIO WESIR.
 
En la antiguedad Wesir fue venerado no sólo como el gobernante del Más Allá, o la divinidad relacionada con la resurrección y los difuntos; sino también como el que inició a los hombres en la civilización y en la moral. El mito de su muerte y resurrección contiene una moral que hizo de la religión egipcia una verdadera religión de salvación.
Su popularidad y la propagación de su culto se debieron principalmente a la devoción de los humildes, sobre todo campesinos, porque este dios encarna una idea que fue muy popular en Kemet como en otros pueblos: Wesir era el buen rey que defendía a los oprimidos y que fue, él mismo, víctima de un enemigo que despreciaba la justicia. La doctrina wesiriana concilió las atribuciones de un monarca con el ejercicio de la justicia y atribuyó a Wesir la tarea de presidir el Tribunal Divino que juzga a los difuntos. El culto wesiriano contenía una idea muy original para la época, asegurando que el destino de los hombres en el otro mundo no dependía de su posición social durante la vida terrestre, sino de sus cualidades morales.
 
El nombre de Wesir se ha interpretado como “La Sede del Ojo”, o “Poseedor del Trono”, es decir: el Rey. Es originario del Delta y era la divinidad que se manifiesta en la vegetación y el agua fecundante de la inundación. Es en esencia el dios de la vida que sigue a la muerte, es decir, de la resurrección.
Los campesinos debieron relacionar los diferentes episodios de su mito con los ciclos de la naturaleza, con los campos marchitos después de la cosecha y misteriosamente cubiertos por el manto de la inundación, y con el reverdecer de la vegetación cuando las aguas se retiraban. Cuando las plantas se ajaban y morían, se entendía que Wesir había muerto, pero no totalmente pues algo de vida se conservaba bajo tierra, que brotaba cada año cuando llegaba su tiempo y demostraba así que el dios estaba aún vivo. Él era entonces la garantía de la fecundidad de los campos sembrados de grano.
 
Wesir tiene la particularidad de que su residencia es una tumba. En realidad el dios creador no es el  Wesir cuyo cuerpo descansa en la tumba, sino el Wesir resucitado que, unido al Gran Dios Creador Amun-Ra, participa desde entonces en su poder creador.
 
La fama de Wesir alcanzó su punto culminante en tiempos de los emperadores romanos, cuando la religión egipcia estaba a punto de desaparecer. Antes de extinguirse, el culto de Wesir y de su familia, Aset y Heru, se extendió por todo el Imperio encontrando en todas partes un fervor tan ardiente como efímero. El triunfo se debió a la sencillez y a la humanidad del mito, de un cuento cuya intriga se puede comprender fácilmente. Se trata de la historia de un buen rey que murió asesinado, que resucitó gracias al amor y a la magia de su esposa, fue vengado por su hijo y es, en el otro mundo, garantía de inmortalidad para aquellos que la merecen. Su popularidad convirtió muy pronto al wesirianismo en una fuerza moral, en una regla de conducta que se basaba en el amor y en la justicia.
 
Estas nociones relativas a la vida de ultratumba tomaban un gran número de formas distintas según el grado de iniciación del fiel, y para el  hombre común las metáforas eran entendidas como realidades; en cambio el que estaba familiarizado con las cosas religiosas podía comprender el mensaje oculto detrás del símbolo.
Para el iniciado en teología, Netjer, en el que se confunden Wesir, Amun-Ra y Ptah, es el Ser Supremo “demasiado misterioso para que se pueda mostrar su esplendor, demasiado grande para que se pueda tener opinión de Él, demasiado poderoso para lograr conocerlo”.
 
 
Por Siathethert