HETHERT, LA DORADA PRINCESA DE LOS DIOSES -segunda parte-

 

 

Diosa del Amor.

En su ciudad santa de Iunet, hoy Dendera, Hethert era adorada como diosa del amor, belleza, juventud, alegría, maternidad y del amor en todas sus formas, tanto físico como divino. Los griegos la identificaron con Afrodita; los semitas la llamaban Baalat, “La Señora”; y en la ciudad de Biblos fue identificada con Astarté.

Es Ella la alegría y la música presente en cada reunión y banquete. Entre sus titulos se encuentra el de “Señora de la Embriaguez”, quizá porque también tiene una conexión con el amor y la fertilidad puesto que el abuso de cualquier bebida alcohólica embriaga los sentidos y hace desinhibir la personalidad, ¿acaso no es algo parecido a lo siente una persona que se enamora?
El vino y la cerveza son asimismo ofrendas por excelencia ya que aplaca la ira de Sekhmet que es el aspecto colérico de Hethert cuando encarna al Ojo de Ra.
El emborracharse no estaba mal visto en la antigua sociedad de Kemet y la ebriedad era también celebrada. En Dendera durante una fiesta que se realizaba veinte días después de la inundación Hethert era considerada la patrona de los ebrios.

Además de la “Señora de la Embriaguez” Ella porta otros epítetos que dejan en claro su naturaleza festiva, se la conoce como “La Dama de los Goces” y “La Dama de las Guirnaldas” porque es la patrona de las muchachas jóvenes y hermosas.

Otra de las denominaciones de Hethert es “La Dorada”. En la literatura suele explicarse que el oro es la “carne” de los dioses, quizá porque este metal tiene la cualidad de mantenerse inalterable, brillante y sin oxidación. Los rayos del sol suelen asociarse, además, al color de este metal. En su nombre de Dorada, Hethert es una manifestación femenina de la luz solar
A las mujeres de Kemet les gustaba mostrar su devoción a Hethert. Cuando se trataba de damas de alcurnia podían hacerse representar en los muros de sus tumbas portando objetos asociados a la diosa como espejos pulidos, o instrumentos esencialmente femeninos como el collar Menat y el sistro. Las mujeres de todas las clases sociales presentaban ofrendas a Hethert puesto que la diosa favorecía los embarazos, beneficiaba los matrimonios armoniosos y proporcionaba momentos de felicidad y diversión a las familias que vivían a orillas del Nilo.

Danzas sagradas en su honor.

En Kemet la danza era entendida como una actividad sagrada por medio de la cual el ser humano podía canalizar energías divinas. En esta cultura cada actividad estaba representada y resguardada por una manifestación de la Divinidad Suprema. A la diosa Hethert se la nombró “Señora de la Danza”, y por ende, de la felicidad, la alegría y el amor. La danza de por sí brinda alegría al corazón y ahuyenta la tristeza.

Las bailarinas estaban bajo el patronazgo de Hethert y se pretendía que fueran mujeres muy bellas, de cabellos ensortijados y perfumados, de cuerpos perfectos ya que las bailarinas solían bailar desnudas o luciendo únicamente pulseras, cinturones y collares. En ciertas fiestas como la Heb-Sed que celebraba el soberano, o la Fiesta de Opet, las bailarinas y sacerdotisas se distinguían utilizando una estola que, por ser de color rojo, estaba relacionada con el Sol, y más concretamente con Hethert-Sekhmet.

En la vida diaria de los campesinos eran muchas las ocasiones en que se requería la presencia de bailarinas: durante la recolección o la vendimia, las fiestas en honor de la Divinidad e, inclusive, en los funerales. Estas mujeres eran quienes canalizaban la armonía, originaban el ritmo y hacían vibrar tanto al espíritu humano como a la propia Divinidad contagiando esa inmensa alegría que desde siempre caracterizó al pueblo de Kemet.

En muchas tumbas se puede observar escenas de danzas sagradas. En la tumba del visir Kagemni de la IV Dinastía, en el cementerio de Sakkara, podemos ser testigos de una antigua coreografía realizada por cinco jóvenes bailarinas que celebran la aparición de Hethert en Oriente.

Tanto la tumba del escriba Idu como la de Mereruka muestran ejemplos de distintas danzas; en esta última se ha representado la “Danza de los Espejos” (objeto más ritual que de uso diario relacionado con Hethert), donde las bailarinas ahuyentan los malos espíritus, comulgan con el sol y la luna que representan los espejos hasta alcanzar un estado de trance espiritual.

Eran varias las fiestas en donde las bailarinas sagradas celebraban en unión con su divinidad protectora; un ejemplo era la fiesta del sol femenino que se realizaba en la región tebana de Medamud, en la que las bailarinas representaban la unión de Hethert con la luz divina (en especial la luz de Heru, su marido) derramando fertilidad sobre las tierras de cultivo.

También las mujeres músicos, tañedoras de sistro y cantoras eran iniciadas en los misterios de Hethert y, junto con las bailarinas y las acróbatas, participaban todos los años en los grandes festejos que se realizaban en el templo de Aset (hoy Filae), con motivo del regreso de la “diosa errante” de las tierras de Nubia. Según cuenta el mito Hethert, el Ojo de Ra, tomando la forma de una leona salvaje se exilia de Kemet luego de una riña con su padre. Los dioses Djehuty y Shu, el verbo y aire luminoso, son enviados por Ra con la misión de traerla de vuelta al Valle del Nilo. Tras convencerla comienzan el viaje de regreso. En la ciudad de El Kab la diosa tomó la forma de un buitre, y en el siguiente pueblo de una gacela. Al entrar a Tebas toda la ciudad enloqueció de alegría y Hethert se sintió tan feliz que se manifestó a sus adoradores transformada en una bella y bondadosa mujer.

Bajo su apariencia humana Hethert es la más encantadora y alegre de las diosas, no obstante cuando encarna al Ojo del Sol en su nombre de Sekhmet, puede llegar a ser la más cruel y feroz de las divinidades. En la antigüedad las mujeres que estaban a su servicio podían, por medio de su arte, transformar una fuerza peligrosa en energía creadora.

Por Siathethert

Anuncios