Ma'at

MA’AT

 Maat

Nos encontramos no sólo ante una divinidad, Ma’at, en la que se apoya todo el pensamiento religioso, político y social de los antiguos egipcios. Es el orden que permite el correcto funcionar de la creación.

Ma’at es la hija de Ra y en algunos textos esposa de Djehuty. No tuvo su propio santuario, no obstante se entendía que ella estaba presente en todo recinto sagrado donde se mantenía funcionando el “Orden Divino”, manifestación principal de la diosa.

Ma’at se encarna en una simple pluma de avestruz (porque las plumas permiten a las aves tener equilibrio durante el vuelo), y bajo esta forma suele aparecer durante el juicio a los difuntos. Sobre uno de los platillos de la balanza Yinepu coloca una vasija que representa al “ib”, corazón-conciencia del difunto; en el platillo opuesto Ma’at -escondida en la pluma- actúa como contrapeso.

Todo difunto espera ver el fiel de la balanza en perfecto equilibrio pero sabe que no obtendrá lo que quisiera o desea, obtendrá lo que merece. Si es merecedor de una segunda existencia será “justificado” ante el tribunal divino. Si merece un castigo se le dará sin compasión. Ma’at es la justicia divina, y los dioses son los garantes del correcto funcionamiento de esa justicia en todos los ámbitos.

En un sentido abstracto ma’at (con minúscula) representa todas las ideas de equilibrio, justicia, integridad, autenticidad, rectitud y todos los valores que expresan armonía y orden allí donde se los aplique.

El pueblo egipcio en general se dedicaba a vivir “por la ma’at, en la ma’at y para la ma’at”, porque si querían que les ocurrieran cosas buenas, debían primero realizar buenas acciones. Fueron muchos los sabios egipcios que se dedicaron a redactar textos sapienciales que reflejaban las normas morales de la época. Los escolares copiaban estos textos hasta memorizarlos. Aún así, no existen textos que especifiquen qué es ma’at y qué no lo es, seguramente esta incógnita se respondía mediante el sentido común y las buenas costumbres.

El primer garante de la ma’at del mundo era el Rey. Como hijo de Ra debía dedicar todo su esfuerzo a resguardar este Orden primigenio e impedir su vuelta al caos del que surgió. El acto principal del Rey como responsable del orden era la “ofrenda de Ma’at”; el Rey acercaba a la nariz de la divinidad una estatuilla de Ma’at para “alimentar su corazón”, lo que le permitía permanecer eternamente unido a la diosa.

En los Textos de los Sarcófagos el Creador Atúm revela: “Cuando los cielos dormían [es decir cuando se encontraba en un estado inerte, inconsciente], yo vivía con mi hija Ma’at, una dentro de mí, la otra en derredor”. Los egipcios llamaron a este fenómeno “Doble Ma’at”, la conciencia espiritual y la cósmica. La sala donde se realiza la pesada del corazón se denomina “Sala de las Dos Verdades” (Ma’aty).

Ma’at es una de las diosas a la que Akhenatón le rindió especial culto, a partir de su reinado aparece dotada de alas. Otra de sus representaciones es un pedestal que simboliza la “colina primordial” y sobre el cual se asientan los grandes dioses creadores.

Por Siathethert

Ver también el artículo “Ma’at, la base de la filosofía y el pensamiento kemético”.

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