pintura de noble detalleMÁXIMA 1: De la humildad y del

descubrimiento de la palabra perfecta.

 

 

La máxima primera está consagrada a la disposición interior, sin la cual ninguna búsqueda del conocimiento será coronada por el éxito: la humildad.

 

Consiste en no ser nunca vanidoso en razón de lo que se cree conocerse, y buscar la verdad al lado de todo ser, cualquiera sea su condición. Quien se tiene por sabio demuestra su vanidad, y con ello la más grave de las ignorancias; un sabio no vacila en hablar a los sirvientes más modestos que trabajan con la muela, y recoger el tesoro que constituye su experiencia.

 

Hecho extraordinario, fue precisamente en una alquería egipcia donde se volvió a encontrar, en la época moderna, un texto esencial, la piedra de Shabaka, que relata la creación por el Verbo; ahora bien, ¡esta piedra había sido utilizada como una muela por los campesinos! Con miles de años de adelanto, Ptahhotep había trazado el camino a los buscadores, recomendándoles, con razón, no rechazar nada.

 

Sólo la humildad puede conducir al descubrimiento de la palabra perfecta; ella no es falsa modestia, sino observación y escucha, a fin de poder transmitir y construir.

 

“Él [Ptahhotep] dice a su hijo [espiritual]: que tu corazón no sea vanidoso (1) a causa de lo que conoces; toma consejo tanto junto al ignorante como junto al sabio, pues nunca se alcanzan los límites del arte (2), y no existe artesano que haya adquirido la perfección (3). Una palabra perfecta está más oculta que la piedra verde (4); se la encuentra [sin embargo], junto a los que sirven (5) [que trabajan] en la muela (6).”

 

Notas:

 

1. Literalmente: “grande (âa)”. Ptahhotep emplea la expresión âa-ib, “de corazón grande”, en un sentido negativo, y our-ib, que tiene prácticamente el mismo significado, en un sentido positivo, “magnánimo, generoso”. 

 

2. En el sentido de artesano, de capacidad de trabajar la materia volviéndola bella y armoniosa, al servicio de una idea simbólica. El personaje del artista moderno, esclavo de sus compulsiones y que actúa al capricho de su fantasía, es inconcebible en el Egipto antiguo. El arte es un rito, un acto esencial, pues permite a la energía celeste y creadora encarnarse en una materia. El escultor, por ejemplo, porta el nombre de “aquel que hace vivir”, pues anima una materia aparentemente inerte, deviniendo la piedra el receptáculo de lo divino.

 

3. Rendimos así akhu, que implica los conceptos de eficiencia, de luminosidad del acto, de excelencia.

 

4. Se han propuesto numerosas identificaciones: turquesa, malaquita, feldespato, esmeralda. El término utilizado, udjat, está ligado a la raíz que significa “crecimiento, expansión”. Este tipo de piedra era colocada bajo la protección de la diosa Hat-Hor, encarnación del amor celeste. Se ve que esta “piedra verde” es una especie de Grial; sin embargo, la palabra perfecta es todavía más preciosa, pues sirve de vehículo a la energía creadora en estado puro.

 

5. El término utilizado, hemut, deriva de una raíz, hem, que es una de las más sorprendentes de la lengua egipcia. Aquí está implicada la noción de “servir”; ¡pero este mismo término es aplicado igualmente al Faraón y traducido por “Majestad”! De hecho, se trata de una mala costumbre, pues también es el Faraón un servidor, e incluso el primer servidor de su pueblo, ya que se halla en contacto directo con lo sagrado y lo divino, que debe a continuación redistribuir bajo la forma de bienestar moral y material. Un simple término, con el de esta raíz hem, nos muestra la profunda coherencia de la sociedad egipcia y pone en evidencia su tejido metafísico.

 

6. La palabra utilizada es benut; ahora bien, la raíz ben significa también “piedra primordial”, “piedra original”, e decir, una de las primeras manifestaciones de la creación. Sobre esta piedra se posó el Fénix, el pájaro bendito. El piramidión era una de las formas aparentes de esta piedra única, conservada en el gran templo de Heliópolis.

 

 

Fuente: C. Jacq, Las Máximas de Ptahhotep. El libro de la sabiduría egipcia, Madrid, 1999.