Wesir ren

“Alcanzarás el cielo como Orión, serás tan efectivo como Sothis (…)”

 

Textos de las Pirámides.

 

 

El significado del nombre de Wesir(1) ha sido un tema bastante polémico y controversial a lo largo de la historia de la ciencia egiptológica. La teoría más aceptada concuerda en que es “observador del trono” o “aquel que mira el trono” (refiriéndose tanto al trono del Nisut que es suyo –de Wesir–, como a la propia Aset(2) , que es en sí misma el Poder del trono). Una posible relación con la palabra woser (3) de significado “fuerte”, es casi imposible de probar dado que la palabra es muy antigua y de cuestionable etimología.

 

Por otro lado resulta también curiosa la usual variación y transposición de los símbolos que componen la palabra en sí misma en diferentes textos o en uno mismo incluso. El símbolo que representa el trono puede ser de tipo trono alto1 , poltrona con andassilla manos , o incluso sustituido por un huevohuevo. El símbolo del trono y el del ojo pueden colocarse el primero encima del segundo o viceversa. En los Textos de las pirámides se utiliza exclusivamente la primera variante (trono sobre ojo), mientras que en los posteriores ya se observan transposiciones. El uso del determinativo para Netjerdios es a veces omitido .

 

El cambio de un trono por otro parece ser resultado del cambio a través del tiempo del símbolo usado para su representación. En los textos más antiguos, v.g.: los Textos de las Pirámides, se utiliza siempre el trono alto, mientras que en los posteriores, v.g.: El Libro de los Muertos, ya aparece predominantemente la poltrona, aunque no deja de usarse indistintamente el trono alto. El uso de la sustitución del trono por el huevo es bastante raro, y parece deberse a la naturaleza isíaca de este símbolo, que lo equipara con el propio trono, y que denota fecundidad.

 

La transposición de los símbolos resulta ya de una naturaleza más elaborada. Aunque está bastante aceptada la idea de que las transposiciones siguen razones estéticas y honoríficas, quedaría por cuestionarse si existe otro motivo por el cual se efectúa la misma. La transposición por razones estéticas o gráficas se debe mayormente a la preocupación de usar todo el espacio disponible tanto como sea posible. Así, los símbolos más pequeños suelen colocarse muchas veces en los espacios sobrantes de uno más grande (ver el nombre de Aset, por ejemplo). Por razones honoríficas se transpone una palabra de mayor importancia ante otra que no tiene tanta como la anterior (v.g.: el símbolo para Netjernetjer “Dios” se escribe antes del usado para hemhem “sirviente”, aunque debe leerse al revés en “sirviente de Dios” o “sacerdote”(4) ).

 

Un examen minucioso de la etimología de algunas palabras relevantes en cuanto a simbolismo esotérico puede resultar de gran ayuda para comprender el porqué de muchas representaciones ideográfico-fonéticas. Tomemos como ejemplo “nombre”(5), de gran importancia en la concepción antropológica egipcia. Su representación jeroglífica muestra una boca sobre el agua, lo que viene a ser la boca del Creador en el momento de la Creación cuando el Verbo se manifiesta por encima de las aguas del caos. De naturaleza similar resulta el nombre del ave Bennu(6) (relacionado con Wesir): un pie sobre las aguas del Nun, lo que –según la teoría antroposimbólica sobre las pirámides de Julia Calzadilla(7) – indicaría que el camino correcto para completar la Gran Obra egipcia es tomar la vía del agua, hacia el oeste, o morir en sí mismo. El ave encima de la piedra Benben muestra su relación con el instante de la Creación, el origen de la estructura piramidal. Estos y otros ejemplos revelan una naturaleza oculta que ha venido a llamarse “tercer significado”(8) de la escritura jeroglífica. Llegados a este punto no nos resultaría extraño suponer que la transposición de los símbolos en el nombre de Wesir tenga una naturaleza semejante a la anteriormente descrita.

 

Desde los tempranos Textos de las Pirámides se reconoce a Sah (9) como manifestación de Wesir y Sopdet(10) de Aset. El dios Sah y su esposa Sopdet (más conocida por su nombre griego Sothis) personificaban la constelación de Orión y la estrella de primera magnitud Sirio, respectivamente. Ambos cumplían un importante papel en el viaje del rey difunto por el cielo. Sah se alza en el cielo oriental antes que su compañera Sopdet, y esta adyacencia viene a explicar la tan temprana conexión entre estas dos deidades, ambas integrantes de los Misterios de Wesir, que enseguida describiremos brevemente.

 

Para los egipcios cada día era una repetición simbólica del Zep-Tepi: el Primer Instante; cada uno reflejando los eventos de la Creación una y otra vez, eternamente. Los ciclos naturales de nacimiento, crecimiento y muerte están reflejados en el mito wesiriano (osiríaco). Existen tres momentos principales por los que atraviesa el cuerpo de Wesir, que simbolizan el paso del sol por el inframundo:

 

1) la muerte, desmembramiento y dispersión de su cuerpo;

2) la reanimación y reconstitución ritual de la momia; y finalmente

3) la restauración a través del Ojo de Heru(11) que permitiría al sah la ascensión y la liberación del ser luminoso o espíritu (akh).

 

En los Textos de las Pirámides se equipara al rey difunto (Wesir) con Orión (Sah):

 

«Observa, ha venido como Orión, observa, Wesir ha llegado como Orión, (…)»(12) .

 

Un pasaje posterior revela aún más detalles sobre el proceso de ascensión:

 

«Mi amado, dijo su madre; Mi heredero, dijo su padre de aquel a quien el cielo concibió y la luz del alba dio a luz. Oh Rey, el cielo te concibe con Orión, la luz del alba te da a luz con Orión. Aquel que vive, vive por el mandato de los dioses, y tú vives. Ascenderás regularmente con Orión desde la región oriental del cielo, ascenderás regularmente con Orión en la región occidental del cielo, el tercero de vosotros es Sothis, pura de tronos, y es ella quien os guiará sobre los hermosos caminos que están en el cielo, en el Campo de Juncos.»(13)

 

En esta declaración se ve al difunto convertido en estrella en compañía de Sah y Sopdet. Su nacimiento ocurre en el horizonte oriental, por donde sale el sol, esto es ascender con Orión en el cielo de Ra(14) . Su caída se produce en el horizonte occidental, por donde se pone el sol, esto es ascender con Orión, ahora en el cielo de Wesir. El epíteto de Sopdet (“pura de tronos”) denota claramente su relación con Aset.

 

Sólo en una época del año egipcio coinciden exactamente la elevación de Sah y Sopdet en el cielo de Ra con la salida del disco solar y su elevación en el cielo de Wesir con la puesta del sol; esto es en Wep Ronpet, o apertura del año. En la antigüedad este se registraba al orto helíaco de Sopdet tras setenta días de ausencia en el cielo, coincidentes con el tiempo entre la muerte, embalsamamiento y resurrección de Wesir, hecho que fundamenta la identificación de Wesir con Sah, compañero de Sopdet. El proceso de embalsamamiento de los difuntos llevó también setenta días, como una manera de perpetuar simbólicamente este hecho religioso y astronómico.

 

¿A qué nos conduce todo esto? Para respondernos hagamos la siguiente asociación: ¿qué sucedería si identificamos, en relación al nombre de Wesir, a Sopdet/Aset con el trono y a Sah/Wesir con el ojo? Habríamos encontrado una fascinante y velada relación.

En lo adelante nos centraremos en demostrar dicha conexión como explicación del porqué de la transposición de los símbolos (trono y ojo) en el nombre de Wesir, el principal objetivo de este trabajo.

El movimiento diurno e invisible de Sopdet y Sah por el cielo de Ra en Wep Ronpet es idéntico al nocturno y visible a mediados del año egipcio, producto del movimiento de traslación terrestre.

Observemos el siguiente esquema:

1

2

En el cielo oriental, Sah aparece por encima de Sopdet, esto es el ojo sobre el trono; del otro lado, en el cielo occidental, Sopdet se encuentra sobre Sah, lo que es lo mismo que el trono encima del ojo. ¿Qué implicación esotérica reviste la ubicación de estas estrellas en el levante o el poniente respectivamente? En el capítulo CXIX del Libro de los Muertos, o Capítulo sobre conocer el nombre de Wesir y sobre entrar y salir de Re-stau, se muestran, tras una lectura decodificatoria, ciertas claves de este misterio:

 

«En Re-stau se crea tu nombre, y tu poder se halla en Abtu.» Esto quiere decir que el verdadero nombre (ren) de Wesir se encuentra en el oeste (Re-stau de Amentet) y que su sekhem(15) (en el texto se utiliza la variante sekhemu(16) , como suma de todos los poderes en uno) está en el este (Abtu, la ciudad de Wesir en el mundo de los vivos). Si leemos la variante del nombre propuesta para el oeste nos percataremos enseguida de que no necesitamos hacer inversión como en el caso de la del este para leer correctamente Wesir.

En los textos originales del papiro de Nu, el capítulo antes mencionado tiene en su composición las dos variantes de escritura del nombre de Wesir. Comenzando:

«Soy el Gran Dios que su luz genera. Comparezco ante ti, oh WesirWesir jero , ofreciéndote loores.», en su forma oriental, como el propio Ra; y sigue «Te elevas, pues, oh Wesirwesir jero2 , y recorres el firmamento con Ra, y contemplas las humanas generaciones, oh Uno que giras, oh Ra.», ahora en su forma occidental, luego de haber recorrido todo el cielo diurno; culmina:

 

«He aquí, oh WesirWesir jero , que en verdad te dije: “Soy el cuerpo espiritual (sah) del Dios”, y digo: “Que jamás sea rechazado en tu presencia, oh WesirWesir jero .”», vuelve a tomar la forma oriental en estas dos últimas citas, interpretándose como que ha recorrido el inframundo y ha sido osirificado, cerrándose así los ciclos diurno y nocturno a través de los caminos de los dos cielos (el superior y el inferior).

 

En el capítulo XLVI (Capítulo de no perecer y de lograr vida en el mundo subterráneo) del papiro de Ani se limita el viaje al inframundo. Este comienza en el horizonte occidental:

«WesirWesir Ani dice: ¡Salve, oh criaturas del dios Shu! ¡Salve, oh criaturas del dios Shu! El Duat consiguió dominio sobre su corona.», aquí en reverencia hacia el este (las criaturas del dios Shu), alcanza dominio sobre su corona (colocada sobre la cabeza), símbolo de iluminación, muestra de que el difunto ha alcanzado la sabiduría oculta. Termina en el cielo oriental:

 

«Ojalá que me incorpore como los seres hammemet, o como WesirWesir jero se eleva y camina.», incorporándose en una nueva vida, la que compara con la de los seres hammemet, una clase de terrícolas o seres celestiales con formas humanas, y con la del propio Wesir, asegurando la completa osirificación.

Un análisis exhaustivo de los textos funerarios clásicos arrojaría conclusiones similares en cuanto al uso de las distintas variantes en la disposición de los símbolos en el nombre de Wesir para expresar las distintas etapas que atraviesa el difunto en su ciclo solar. Estas etapas son:

 

   · En el Oeste (asociado al elemento agua), donde el adepto inicia su viaje por el inframundo para aniquilar su ego y así alcanzar la osirificación, o morir en sí mismo;

 

   · En el Este (asociado al elemento aire), donde, ya alcanzada la iluminación, el cuerpo espiritual queda libre de hacer cuanto le plazca y tomar lugar en la comitiva solar.

 

La presencia de una intención de ocultamiento asociada a la disposición de los símbolos en el nombre de Wesir ha sido ya develada. El trabajo futuro consistiría en descifrar en cada caso puntual el significado oculto que albergan los mensajes que están relacionados con cada variante de escritura. Sólo restaría a los que se aventuren en esta empresa destruir las falacias materialistas levantadas por las ciencias modernas que hasta hoy lo único que han provocado ha sido privarse ellas mismas de la luz. Una cultura puramente mistérica no puede estudiarse desde un punto de vista materialista si se desea desentrañar su sabiduría oculta. Bien lo ha dicho ya Christian Jacq:

 

«Un egiptólogo que no crea en la religión egipcia, que no participe de una total simpatía hacia la civilización que estudia, no podrá, a nuestro entender más que pronunciar palabras vacías. El intelectualismo por brillante que sea, no ha reemplazado nunca al sentimiento vivo, incluso en una disciplina científica. Los más grandes sabios son aquellos que participan del misterio del universo y tienden a expresarlo por medio de su visión del Conocimiento, nutrido a través de los años.

Si esto es cierto para ciencias tales como la física, como indicó Eisenberg, Einstein y tantos otros, se comprenderá que el antiguo Egipto reclame, por parte del que lo estudia, otra actitud distinta del frío racionalismo y del “distanciamiento” histórico.»(17)

 

Vivamos hoy de corazón en la fe del antiguo pueblo egipcio para descubrir, poco a poco, gota a gota, en la práctica de la perseverancia, los misterios de la naturaleza humana oculta que bien permanecieron en silencio desde los orígenes de la civilización.

 

 

¡Ankh Udja Seneb!

 

 

Por Senerpaitui, Shemsu de la Ortodoxia Kemética.

 

 

Notas:

  1. wesir3Osiris. wsr
  2. AsetIsis. Ast
  3. wsr user
  4. Hm nTrhem netjer
  5. rnren
  6. bnnwsah
  7. Calzadilla Núñez, Julia L. La Gran Rueda. Una lectura decodificatoria de la espiritualidad en los Misterios del Antiguo Egipto. Inédito.
  8. Se afirma, acertadamente, que los jeroglíficos egipcios tenían un triple significado: a) “hablar” (por su valor fonético, destinado al hombre común, no iniciado); b) “expresar” (por su valor escrito, destinado al escriba); c) “ocultar” (por su valor esotérico, destinado a los sacerdotes, escribas y adeptos).
  9. sAH sah
  10. Spdtsopdet  
  11. Horus, hijo de Osiris e Isis. Hr sA AstHeru
  12. Textos de las Pirámides. § 819.
  13. Ibidem. §§ 820; 822.
  14. El cielo de Ra o cielo superior (encima de la tierra), opuesto al cielo de Wesir o cielo inferior (del inframundo).
  15. El sekhem se lo menciona relacionado con el ba y parece indicar los poderes sobrenaturales asociados con el akh y el khab. Para los antiguos, conocer el nombre de un ser humano implicaba tocar su esencia, esto es tener poder sobre ese individuo, ya que este era la palabra de poder (heka) por excelencia, capaz de aniquilar a su poseedor si este fuera destruido.
  16. Sxmwsehemu
  17. Jacq. Ch. El saber mágico en el Antiguo Egipto.
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