Barca de Amón

“La Bella Fiesta del Valle” (heb nefer en ipet), era la mayor festividad durante el Imperio Nuevo dedicada a honrar a los difuntos y a la Tríada de Waset (Tebas).
Este festival se celebraba cada año durante el segundo mes (Pa en Khonsu) de la estación Shomu, la estación de sequía y comienzo del verano, a la primera luna nueva (Pesdjentiu), y con una duración de 12 días.  Durante este festival, las imágenes sagradas de Amun-Ra, Su esposa Mut y Su Hijo Khonsu eran sacadas del Templo de Karnak con el objetivo de visitar los templos funerarios de los reyes muertos antaño, que se encuentran en la orilla occidental del Nilo y sus altares -de los Netjeru del Oeste-, incluyendo Het-Hert como la Dama del Oeste y Wesir, Rey de los Muertos. 
 
Amun-Ra viajaba en Su altar, escondido de la vista de la gente, sobre una barca sagrada portada a hombros por veinticuatro sacerdotes. La proa y popa de la barca eran decoradas con la cabeza del carnero de Amun, vistiendo un amplio collar Menat y el disco solar. Esta barca cruzaba el río sobre el Userhet, una barca de 67 pies de largo cubierta de oro y piedras preciosas constrída con cedro importado del Líbano. Una flotilla de barcas más pequeñas seguían la gran barca por el Nilo. En la imágen, relieve procedente de Deir el Medina, en el que se observa a Ramsés II ofreciendo incienso a la imagen sagrada de Amun-Ra. 
 
Este festival era momento de gran júbilo para el pueblo de Kemet, que saludaba la barca de Amón en su viaje y arrojaban flores, llevaban ofrendas de comida y bebida a las capillas de sus amados difuntos. Había mucha fiesta y celebración, y al final los participantes podían pasar la noche en las capillas funerarias a dormir junto a los muertos bendecidos, sus akhu, los que podrían comunicarse con ellos a través de sueños.

Himno a Amun-Ra
Autor: Senerpaitui

Honor a ti, Amun-Ra, que en Waset resides
Y recorres dichoso el cielo;
De bienaventurados mil seguido vas
En pos de las ácueas cimas celestiales.
 
Tú eres el Uno oculto, desconocido,
El que no tiene igual, Señor de los dioses,
Rico en nombres que no podría enumerar
Aun si mis torpes horas fueran las tuyas.
 
Tu poder se crece mientras Tu Majestad,
Segura, avanza hasta dar fin a las horas;
Penetrando incluso en la Tierra de Manu
Para volver al lugar que ayer ocupó.
 
Ten para ti nuestra adoración, Anciano,
Puesto que Tú creaste a dioses y a hombres todos
Y les concediste ser bajo las formas
Que Tu Majestad consideró precisas.
 
Tú eres aquel cuyo ser todo lo abarca,
Entre todos aquel que creó lo que existe,
Aquel a quien acuden todos los hombres
Y de cuya belleza se regocijan.
 
Dondequiera me encuentre a mi lado estás;
No hay extensión de la tierra, altura del
Cielo ni profundidad del mar en que tu
Ba no haya dejado huella sempiterna.
 
Tus fotones son capaces de excitar en
Los más lejanos parajes del espacio
Moléculas tan necesarias para la
Vida de los seres que Tú mismo creaste.
 
Cuando Tú brillas son felices los hombres,
Las plantas toman de tu energía y nos brindan
La hierba para el ganado y los frutos
Para los seres, contigo agradecidos.
 
Yo te adoro cuando traes sobre Tu frente
La corona Ureret, Señor de ambas
Riberas abarcadas por siempre por Tu
Luz que recorre inexpresables distancias.
 
Eres Khepera, que te creaste a ti mismo,
Gran Escarabajo Sagrado creador de
Los dioses; Tú, que te alzaste al principio
Sobre los ácueos abismos celestiales.
 
Tú, Heru-juti-Temu Heru-Khepera,
Fortísimo halcón, portador eviterno
De su propio rostro, bello, a causa de
Tus dos plumas –altas y sacras diademas.