Papiro Ebers, muestra de escritura hierática

 

La escritura en Kemet

 

La escritura convertía en inmutable lo escrito. Así, la descripción (en templos y tumbas) de rituales, epítetos y cultos concretos aseguraban la pervivencia eterna de dichos ritos y cultos, por el mero hecho de haber sido escritos.

En el Antiguo Egipto existieron tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica ¿Qué diferencia había entre las tres?

La jeroglífica fue utilizada desde la Dinastía I al Periodo Grecorromano y se empleaba para textos oficiales, funerarios y religiosos. Por ello aparece en tumbas, templos y papiros estructurada armónicamente, ya que la ubicación de sus símbolos y signos tenían una importancia vital para proporcionarles armonía y estética.

Como escritura sagrada, tenía un sentido mágico, a veces críptico. No estaba al alcance de toda la población, ni siquiera de la mayoría de los personajes más cultos, ni de todos los miembros del clero. Tuvo unos 7.000 signos a lo largo de la historia y una gramática compleja por lo que muy presumiblemente pudo ser del conocimiento de unos pocos y de aquellos que se iniciaban en “la Casa de la Vida”, una especie de escuela localizada en los principales templos cuyo paralelo en nuestros días es lo que hoy entendemos por universidad.

 Aunque no puede decirse que el pueblo egipcio fuera completamente analfabeto, la lectura y la escritura no eran materias que dominaran todos, aunque fuera deseable su conocimiento (como enseñan los textos sapienciales egipcios). Los textos egipcios insisten en transmitirnos los inmensos beneficios de saber leer y escribir, así como las virtudes del trabajo del escriba. Sin embargo, a menudo, los artistas se limitaban únicamente a copiar los escritos que se les entregaban y por ello, con frecuencia, encontramos numerosas faltas ortográficas o textos mal copiados.

Se escribía en columnas horizontales o verticales, de derecha a izquierda (preferiblemente) o de izquierda a derecha (menos veces) o de arriba a abajo. Como regla general, los mismos jeroglíficos dan la pauta para saber dónde comenzar a leer, ya que éstos miran hacia el lugar donde hay que empezar la lectura. Un hecho que no deja de ser curioso es que, a menudo, los símbolos gráficos que potencialmente pudieran ser peligrosos se “censuraban”. Por ejemplo, a veces, encontramos que el equivalente a nuestra consonante “f”, representada por una víbora cornuda, se dividía en dos, para que este animal venenoso no causara ningún mal o, si era posible, se sustituía por otro signo menos peligroso.

El hierático se utilizó a la vez que la grafía jeroglífica; se leía y se escribía de derecha a izquierda. Aunque también se usó para textos sagrados, generalmente, se empleó para asuntos laicos, es decir, aquellos relacionados con la administración, textos literarios, negocios, etc. Ésta consistía en una adaptación del jeroglífico, pudiendo decirse que fue la cursiva de los símbolos jeroglíficos.

 

El Demótico se incorporó a partir de la Dinastía XXV y fue una escritura más popular, siendo una estilización de la anterior.

En época tardía, la escritura conoce una evolución peculiar: aparece la criptografía, escritura reservada a iniciados que permite una lectura superficial, más o menos al alcance de todos los lectores, y una segunda lectura, reconocible sólo por cierto grupo selecto (de sacerdotes), una élite. Se han reconocido textos criptográficos en inscripciones que van desde templos a escarabeos. Aunque defectuosamente conocida, la escritura criptográfica egipcia conoció un cierto desarrollo desde la Baja Época hasta el final del Egipto grecorromano.

 

El jeroglífico egipcio conoció un desarrollo autóctono en el reino de Meroe, en el que se usó (en dos vertientes, monumental y cursivo) para transcribir una lengua africana. Si en Meroe tuvo algún uso simbólico, nos es desconocido.

 

[Fuente: Elisa Castel.: Egipto, Signos y Símbolos de lo Sagrado. Ed. Aldebarán. Madrid 1999, pág 166-167]