“Grande es la Regla, duradera su eficacia; no ha sido perturbada desde los tiempos de Wesir. La iniquidad es capaz e apoderarse de la cantidad, pero el mal nunca llevará su empresa a buen puerto. No te entregues a una maquinación contra la especie humana, pues Netjer castiga semejante comportamiento… Si has escuchado las máximas que acabo de decirte, cada uno de tus designios progresará.”
 
Enseñanza del sabio Ptahhotep.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
INTRODUCCIÓN.
 
            Forma parte de la naturaleza del ser humano el vivir su propia existencia en la Justicia, la Ley y el Derecho. Existe en el ser humano una suerte de conciencia primaria y originaria del injusto. Es posible que exista en positivo algunas formas constantes del fenómeno jurídico, algunas estructuras ontológicas de la experiencia normativa reconocibles como universales, instrumentos de nuestra civilización, tal vez propios de las estructuras fundamentales de la experiencia jurídica, que pueden llegar a jugar un rol fundamental en la certeza de que el derecho ha contribuido a edificar los estados modernos, y sobre el derecho como certeza, se tendrá sobre todo que construir el mundo futuro.
            Ante la innegable necesidad de un nuevo orden es preciso buscar los instrumentos para construir este mundo, en orden al legado de la Tradición, en el seno de la Idea de Ma’at.
 
 
CONCEPTO DE JUSTICIA.
 
            H. P. Blavastky, definió la justicia asimilándola al karma por cuya ley, en virtud de sus operaciones inexorables e infalibles, cada persona recibe aquella recompensa o aquel castigo que merece, ni más ni menos. Es la virtud social por excelencia. Platón la consideraba como la resultante de todas las virtudes, expresión de la unidad armónica que debe reinar en el espíritu, mientras que las demás virtudes responden a un aspecto particular. Antes que Platón los pitagóricos, en conformidad con su simbolismo matemático, asimilaron la justicia a la figura del cuadrado, o sea, al número multiplicado por si mismo. Aristóteles oponía también lo injusto a lo justo, como lo desigual a lo igual.
            La justicia es el verdadero fundamento del derecho y expresa la igualdad de las personas ante la ley moral. El origen de todos los conflictos sociales es la falsa concepción o aplicación de la justicia; la ley justa podrá hallar aluna vez dificultades, pero echando raíces en la conciencia colectiva, acabará por imponerse.
 
            En Kemet pertenecer al Consejo del Rey requería a la vez un profundo sentido de responsabilidad y un conocimiento perfecto de las conveniencias. Hablar en público no era cosa fácil, pues el arte del discurso era el más difícil de aplicar y sólo se arriesgaba a ello el hombre que era capaz de que los demás consejeros exclamaran: ¡Qué expresiones más justas!, decía el visir Ptahhotep, quien continúa: llamado a informar al Consejo, es necesario exponer el informe sin disimular nada. Es necesario decir simplemente lo que se sabe y convenir sobre lo que se ignora. En la discusión es necesario ser prudente y tener tacto. Con estas y otras reglas debía conducirse todo dispensador de la Justicia.
 
            La Justicia no es una noción relativa, no depende de los hombres, sino de Ra, que fija sus reglas. La Justicia es una cosa divina y por lo mismo está representada por una diosa: Ma’at, hija del Creador. En otras palabras, la Justicia emana directamente de Netjer. La Justicia es grande, invariable, segura y no ha sido turbada desde la época de Wesir, quien la dio a conocer a la raza humana. Los límites de la Justicia son invariables. Es una enseñanza que cada hombre adquiere de su padre. Pero sí es verdad que emana de Netjer.
            Por consiguiente, la Ley se impone a los hombres como obligación moral. Es la base del orden social, de la propiedad: crearle obstáculos a la ley es abrir la puerta a la violencia.
 
 
ORGANIZACIÓN JUDICIAL DE KEMET.
 
            La justicia divinizada está representada por la diosa Ma’at, la propia hija de Ra. Por ello, los mas altos magistrados de Kemet, el visir, los presidentes de sala en la Corte Suprema, los presidentes de tribunales de los nomos, etc., eran sacerdotes de la diosa Ma’at, asociados a la propia voluntad de Netjer. Por esa razón, los funcionarios encargados de presidir los tribunales ocupaban los primeros puestos de la jerarquía administrativa y figuraban entre los “primeros después del Rey” que poseían el insigne privilegio de “agruparse delante del trono del Rey” en las ceremonias de palacio.
 
            En la antigua ciudad de Waset (Tebas) todos los días el visir, gran sacerdotes de Ma’at, daba audiencia en la gran sala de columnas del palacio de gobierno. Ante él se extendían los cuarenta rollos de papiro en los que estaban transcritas las leyes. Delante de él, a uno y otro lado de la sala, se alineaban los miembros de su consejo y, a su alrededor, los escribas dispuestos a copiar sus órdenes. Acabada la audiencia el visir era recibido por el Rey. Luego de interesarse por la salud de su monarca, le ponía al corriente de la situación y recibía sus órdenes.
 
            La organización judicial ocupaba un lugar preeminente en la obra jurídica, siendo la piedra angular de todo el edificio de la institución monárquica egipcia. El conjunto de órganos judiciales de Kemet dependía del Departamento de la Balanza, en la sede del gobierno central. Estaba presidido por un miembro del Consejo de los Diez del que dependían los jueces y los funcionarios que servían en la administración judicial.
            El Consejo de los Diez dirigía la totalidad de los servicios administrativos. Entre sus miembros se reclutaban todos los Jefes de Secretos del Consejo Legislativo y los Jueces de Audiencia de la Corte Suprema. Sus miembros, altos funcionarios que habían recorrido una larga escala administrativa o judicial, eran llamados a integrar la Corte Suprema y a preparar la labor legislativa del Rey bajo la presidencia del visir.
            La Justicia, tan sabiamente organizada por los egipcios, constituía el propio fundamento del Estado. Era la más alta expresión por la que se manifestaba el poder real, puesto que la misión suprema del Rey como portador del Ka Real sobre la tierra, fue siempre hacer reinar la justicia.
 
 
LA CREACIÓN DEL MUNDO, ORIGEN DE MA’AT.
 
            La cosmogonía es el acontecimiento más importante porque representa el único cambio real: la aparición del mundo. A partir de entonces sólo los cambios implicados en los ritmos de la vida cósmica poseen una significación. Pero precisamente en esta periodicidad de los ritmos cósmicos estriba la perfección de lo establecido en los tiempos del Zep-Tepi, o “primera vez”.
 
            El primer aspecto de este proceso es el Caos; no el Caos como desorden sino como el infinito, como todo lo que está en potencia para manifestarse algún día A este Caos infinito le sucede la Inteligencia; este segundo paso es la suma de esquemas de conformaciones, de ideas que permiten adecuar el Caos primigenio, organizarlo, esquematizarlo. Y, finalmente, nos encontramos con el tercer paso del proceso: el Cosmos que ha nacido, que se ha gestado aparte de estos dos elementos primeros (el Caos que es todo el infinito y Netjer que le ha dado forma y le ha puesto orden).
 
            La armonía física del universo y la armonía moral y política de la sociedad, estuvieran o no contenidas en la noción de Ma’at, se atribuían claramente a la voluntad del Creador. Antes de que se iniciase la organización del actual universo no existía ni la muerte ni el desorden. Sin embargo, apenas comenzada su génesis, Atúm-Ra debió entablar combate contra Apep, la eterna serpiente rebelde que representa al Caos infinito e increado. Se admitió la existencia de una Edad de oro, un tiempo en el que Ra y los dioses primordiales residían aquí abajo. Ma’at reinaba sobre la tierra. Se narra como el complot de los hombres contra el Sol envejecido obligó al Creador a montar en el lomo de la Vaca Celeste y abandonar la compañía de los seres humanos. Este exilio de Netjer fue, sin duda, el fin del reino absoluto de Ma’at y el principio del sufrimiento.
 
             La cosmogonía y los mitos de los orígenes constituyen el núcleo esencial de la ciencia sagrada. Hay diversos mitos cosmogónicos. Los temas se sitúan entre los más arcaicos: un montículo que emerge, un loto o un huevo que brotan en las aguas primordiales. En cuanto a los dioses creadores, cada ciudad colocó al suyo en primer plano.
Igual que tantas otras tradiciones, la cosmogonía egipcia comienza con la aparición de un montículo, de nombre Ben-Ben, que emerge de las aguas primordiales. La aparición de este “primer lugar” por encima de la inmensidad acuática, significa la consolidación de la tierra, pero también la eclosión de la luz, de la vida y de la conciencia.
            Cada ciudad, cada santuario, eran considerados como otros tantos “centros del mundo”, el lugar en que había comenzado el Zep-Tepi, la creación. El montículo inicial pasó a identificarse con la montaña cósmica a la que ascendía el Rey difunto para salir al encuentro de su Creador.
            Otras versiones hablan del huevo primordial que contenía el “pájaro de luz” o el loto original sobre el que reposa el Niño Sol o, finalmente, de la serpiente primitiva, primera y última imagen del dios Atúm.
 
 
CONCEPTO DE MA’AT.
 
            Ma’at aparece como la noción de base de la reflexión egipcia. Considerada tradicionalmente como la “Verdad-Justicia”, se sitúa en una perspectiva esencialmente cósmica; las Dos Tierras reposan sobre Ma’at entre Netjer, en una parte, y el Nisut-Bity en la otra. En el Caos de las fuerzas del Increado Ma’at instituye la norma, la medida, en todos los órdenes de la creación; las dos esferas, cósmica y social, están ligadas por constantes correspondencias.
            Ma’at no es sólo verdad y justicia, sino también orden y ley. Ley no en el sentido jurídico de una orden proveniente de la autoridad de una soberanía humana o de un legislador divino, si no en el sentido de un orden infalible que gobierna el universo, en su aspecto físico y moral.
 
            Alrededor de la noción de Ma’at es preciso presentar la historia de un pensamiento, de una manera de conceptualizar el mundo que no hace distinción entre teología y ciencia, cosmos y sociedad, religión y Estado. Los cinco campos principales de la noción de Ma’at son al mismo tiempo las dimensiones principales de lo que podría llamarse el universo egipcio de significación: lo Sagrado, el Cosmos, el Estado, la Sociedad y el Individuo.
            El concepto de Ma’at, interpretado como “orden cósmico”, juega un rol central en la discusión sobre el llamado “eje axial” y los orígenes de la historia. Ma’at sería el prototipo de una filosofía preaxial, prehistórica.
 
            Es difícil encontrar estudios comprensivos del concepto de Ma’at; la dificultad puede residir en la extensión singular de la acepción de este concepto, que engloba nociones como verdad, autenticidad, justicia, precisión, rectitud, orden, sacrificio, etc. Es difícil circunscribir el campo semántico de un concepto intraducible, es preciso determinar la esencia. Hay cosas que es preciso tomar de corazón, si se las quiere comprender.
            Con el “eje axial” se produce la tensión entre la realidad trascendente y la realidad del mundo, el orden trascendente y el status quo. Antes de la “edad axial”, no existe más que orden inmanente, el orden cósmico: Ma’at.
 
 
MA’AT, CONSTITUYE EL MITO DEL ESTADO FUNDAMENTAL.
 
            Hija del Sol, Ma’at, es Luz al propio tiempo que Verdad y como Luz la diosa da realidad a los seres y a las cosas. Un objeto cualquiera para tener una existencia real debe tener una forma visible y, por consiguiente, únicamente se hacer verdadera y real a nuestros sentidos cuando ha sido tocado por Ma’at, la hija del Sol, es decir, después de haber visto la luz. Los dioses y el Ka Real viven y existen por la Regla, reconociendo el orden infalible que gobierna la creación. La presencia de Ma’at es necesaria para la misma existencia de las divinidades.
 
            El mundo fue ordenado y es confrontado no por el capricho o la casualidad, sino por una ley determinada y fija que se personifica en la diosa Ma’at. Ella es a la vez divina y moral y no representa solamente el orden del universo, -contra el cual no hay apelación posible-, representa un orden que está en consonancia con la moral y la justicia. Ma’at engloba a la vez los ritmos naturales y las normas sociales; “amar, hacer, decir Ma’at” significa adherirse al orden cósmico y al plan divino.
 
 
EL UNIVERSO MATEMÁTICO
 
            La idea de un orden cósmico regido por leyes matemáticas fue claramente percibida por los antiguos egipcios desde las más remotas eras de su  historia. Las observaciones extraídas de la bóveda estelar, el periódico transcurrir de las estaciones, el sucederse de la noche al día, fueron indiscutiblemente elementos que jugaron sus roles en la demostración de las leyes de armonía que rigen el cosmos desde el Zep-Tepi, momento de su creación.
 
            Ya desde la época de los Textos de las Pirámides, Atúm-Ra se manifiesta sobre la colina primigenia nacida de las aguas del Nun “después de haber colocado a Ma’at allí donde antes estaba el Caos”. Tomamos contacto así con un término que por sí mismo constituye una llave para la compresión.
           “Ma’at”, término abstracto, aparece tanto en copto como en babilónico y en griego. En este último idioma las raíces “ma”, “math”, “met”, entran en la composición de variados vocablos que contienen la idea de la razón y de las mediciones: mathema = “disciplina, ciencia”, donde matematikós = “matemática”, mathesis = “aprender, disciplina”, matheteuo = “instruyo”; metro = “mido”; metrema = “la medida”, metrios = “medido, de justa medida”. En el término latino “materia”, puede contenerse en el mismo orden de ideas en el sentido de “lo que puede ser medido”.
 
            Al principio del Papiro Rhind encontramos información sobre el cálculo cuidado: la puerta de acceso al conocimiento de todas las cosas y a los oscuros misterios. El conocimiento de la Verdad se apoya sobre bases matemáticas, las mismas que encontramos en el ordenamiento cósmico. No puede existir verdad o justicia en el sentido absoluto, sino proveniente de este orden superior inviolable, de donde deriva el equivalente en egipcio de los tres términos de Verdad, Justicia y Orden.
  
            Ra y las leyes matemáticas que rigen el universo manifestado están estrictamente unidos, y los límites de la omnipotencia demiúrgica son establecidos precisamente por estas leyes. Símbolo geométrico de estas ideas de orden es el rectángulo que representa a la diosa Ma’at.
 
            “Hacer el bien” (ma’at) equivale a encontrarse en armonía con la naturaleza, y la ruptura de esta armonía con el consiguiente regreso al Caos, corresponde a “hacer el mal” (isfet). La violencia, el mal y la mentira son violaciones a las leyes matemáticas universales, y estos hechos disparan automáticamente en la creación una fuerza destinada a reequilibrar el orden turbado. Por lo tanto a una infracción sigue indefectiblemente un castigo.
 
 
MA’AT Y SU INFLUENCIA EN EL MUNDO.
 
            La Justicia es dar a cada uno lo que le corresponde, según su naturaleza, La Justicia es la fuerza que transforma las sociedades en Estados, y a las personas en individuos. Es urgente lograr el individuo político del que habla Platón para acceder al individuo filósofo, pues es la vivencia de la Justicia la que nos lleva al interior del ser humano, despertando la conciencia.
            Ma’at es el equilibrio del universo, y nuestra adhesión a ella es indispensable para el mantenimiento de las formas creadas. Es a la vez el orden universal y la ética que consiste en actuar, en toda circunstancia, de acuerdo con la conciencia que se tiene de este orden universal.
            Ma’at actúa como el principio universal unificando las tres esferas del orden del mundo; cósmico, social e individual. Establece una solidaridad vertical que exige responsabilidades en aumento a los más altos cargos, disminuyendo así los efectos de la desigualdad.
 
 
EL RETORNO DE MA’AT.
 
“Ved, ha sucedido lo que los ancestros habían predicho; ha proliferado el crimen y la violencia ha invadido los corazones, la desgracia atraviesa el país, corre la sangre, el ladrón se enriquece, se han apagado las sonrisas, los secretos han sido divulgados, los árboles han sido arrancados, la pirámide ha sido violada, el mundo ha caído tan bajo que unos cuantos insensatos se han apoderado de la realeza y los jueces han sido expulsados.
 
Pero recuerda el espíritu de Ma’at, de la justa sucesión de días, del feliz tiempo en que los hombres construían pirámides y hacían florecer vergeles para los dioses, de aquel tiempo bendito en que una sencilla estera satisfacía las necesidades de todos y los hacía felices.”
 
Predicciones del sabio Ipu-Wer.
 
 
 
“Para que pueda volver a reinar la Gran Señora sobre este mundo, es preciso que existan  hombres capaces de vivir y de hacer vivir Ma’at. Hombres y mujeres que sueñen en volver a instaurar la ética, el orden, la verdad y la justicia que hizo gloriosa en épocas remotas la sagrada tierra de Kemet, que hace posible la felicidad entre los  hombres, librando la eterna lucha contra las sombras para romper las cadenas que atan al hombre al dolor.
 
Pero ciegos antes la realidad, es imposible ver el horizonte de luz; por ello hay un algo de divina desesperación en los corazones de los que, detestando la ignorancia que atenaza nuestro mundo, sienten como las sombras se resisten, mientras aquellos que no ven, sufren y creen que éstas son, no obstante su libertad.
 
Los nuevos heraldos de la justicia, que visten hoy negras únicas como la noche que atraviesa la humanidad, negras como el misterio, con la ayuda de su Señora, en nombre y con los eternos símbolos de acción, blandirán éstos como cuchillos que corten los velos de la ignorancia y el egoísmo, para abrir paso a un nuevo orden donde se presente la doble faz de la Misteriosa.
 
Ma’at necesita hombres y mujeres capaces de dar, de ser fraternales, hombres con memoria a quienes su escucha interior les permita “hacer Ma’at” a través del Amor y la Sabiduría.
Aquellos que sirven a Ma’at no deben olvidar que su acción requiere no sólo una formación exterior, sino además una imprescindible cualificación interior (voluntad, amor e inteligencia)
 
¡Alégrate, tierra entera! La justicia ha vuelto a su lugar. Vosotros, justos, venid y contemplad todos; la justicia ha triunfado sobre el mal, los perversos han caído sobre su rostro, los ávidos son condenados.”
 
Papiro Sallier.
 
 
 
 
Desconozco el autor del artículo.