Templo de Luxor.

Es difícil imaginarse hoy, llegando a Luxor, que allí antiguamente se levantaba la gran ciudad de Waset (la Tebas de los griegos), por siglos capital del imperio egipcio. La misma que Homero en el XI canto de la Ilíada llama “Tebas la de las cien puertas”. 

En la época menfita era todavía un pequeño pueblo en que se adoraba al dios Montu. Por razones políticas y geográficas cobró poco a poco importancia durante la X dinastía, hasta transformarse en la capital de los reyes del Reino Nuevo. Allí se veneraba con suntuosas ceremonias al dios Amún en tríada con Mut y Khonsu. A cada victoria, a cada triunfo erigíanse nuevos y grandiosos templos en honor del dios. 
El saqueo a que Asurbanipal sometió a la ciudad en el año 627 a. C., marcó el inicio de su final, y en tiempos de los romanos ya no quedaba de ella sino una montaña de ruinas. La antigua capital egipcia fue dividida por un canal al sur del cual surgió Luxor, en tanto que al norte fue extendiéndose el pueblo de Karnak.

Hoy en Luxor el único testigo del esplendor pasado es el magnífico templo que los egipcios llamaba el “Harén Meridional de Amún”. Fue comenzado por Amenhotep II, agrandado por Tutmose III y terminado por Ramsés II. Está unido al templo de Karnak por una larga avenida adornada de esfinges que una vez tuvieran cabeza de carnero, pero fueron reemplazadas por esfinges con cabeza humana durante la XXX dinastía. La avenida no es visible actualmente por entero, pero se está trabajando para despejarla. Llega hasta la entrada del templo propiamente dicha, donde se levanta el monumental pilono construido por Ramsés II. En el pilono están esculpidos bajorrelieves que relatan la campaña militar de Ramsés II contra los hititas y está grabado el famoso “Poema de Pentaur”, que celebra las hazañas guerreras del Nisut.

Frente al pilono había antiguamente dos obeliscos de Ramsés II, de los que queda hoy sólo el de la izquierda, de 25 metros de altura, pues el otro fue transportado a Francia en 1833 y levantado en Paris el 25 de octubre de 1836, en el centro de la Plaza de la Concordia.
Rodeando la entrada, dos colosos de granito rosado representan al rey sentado en su trono. Antiguamente cuatro estatuas gigantescas de granito rosado acompañaban a los dos colosos. Una de ellas debía de representar a la reina Nefertari la otra, todavía existente a la derecha pero muy deteriorada, representa probablemente a la hija de Ramsés, la princesa Merit-Atón.

Una vez atravesada esta entrada triunfal, se llega a la corte del Ramsés II, ornada por una doble hilera de columnas con capiteles papiriformes, con estatuas de Wesir en los intercolumnios. En la corte también se alza el pequeño templo de Tutmose III, compuesto por tres capillas dedicadas a la tríada de Amún, Mut y Khonsu, venerada en el templo de Karnak.
Una imponente columnata nos introduce luego en la corte de Amenhotep III, rodeada en tres de sus lados por una doble hilera de columnas papiriformes, verdadero bosque petrificado de gran sugestión.

También la parte exterior del templo tiene aspectos interesantes, con sus muros provistos de numerosas capillas laterales cuyas paredes están adornadas con escenas de ceremonias religiosas y, aquí también, de escenas de la batalla contra la coalición sirio-hitita.
A un lado del templo fueron hallados restos de edificios que formaban un campamento militar romano (“castra” en latín), el nombre del Luxor es en efecto una alteración de El-Kusur, que en árabe equivale al “castra” latín.

Columnata del Templo de Luxor.

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