Templo de Ramsés III

Largo tiempo fue Medinet-Habu tan sólo una rica cantera de la que se extraían grandes piedras labradas. En época cristiana un pueblo que los coptos llamaron Dyem surgió en aquel lugar, parte de él en el área del templo, y fue justamente ésta la circunstancia que permitió salvar numerosos restos del templo que de lo contrario pudieron haberse perdido. 
Las excavaciones posteriores han revelado que allí había existido una ciudad construida alrededor del palacio real. Pero de ella sólo una casa ha sido hallada, la del inspector de la necrópolis.

El conjunto monumental de Medinet-Habu comprendía el templo de Ramsés III y al frente el pequeño templo de Tutmose I. De aspecto imponente, casi militar, la hermosa Puerta del Sur, o Pabellón Real, queda encajada entre dos torres y es coronada por dos hileras de ventanas. Los bajorrelieves en los muros de las torres confirman aún más el carácter “guerrero” de esta construcción: el sacrificio mágico de los prisioneros presentados por el Rey ante Amún.

Desde el punto de vista estilístico el templo de Ramsés III es uno de los más perfectos edificios que el arte egipcio nos ha legado. A un pilono de 63 metros de ancho adornado con escenas de guerra, le sigue una primera corte cuyo lado oriental está conformado por una galería sostenida por pilares wesiríacos. Luego de atravesar otros pilonos y otras cortes se alcanza finalmente la última sala hipóstila, en que domina el grupo estatuario de Ramsés III junto al dios Djehuty.
Además de las decoraciones de carácter militar, el templo contiene otras de tipo diferente como un arquitrabe donde se representó a la diosa buitre Nekhbet, protegiendo con sus alas extendidas al Alto Kemet y, simbólicamente, a todo el templo.

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