diapo netjeru

Traducción: TadagyterRa, Shemsu de la Ortodoxia Kemetica.

El antiguo historiador griego Herodoto, quién supuestamente viajó a Egipto en el siglo V AC, describió a los egipcios como “religiosos en exceso, más allá que cualquier otra raza de hombres” (Historia II, 37).

Los observadores modernos, usualmente tienen la misma impresión. Además de las tumbas, los más grandes sobrevivientes representantes de la arquitectura egipcia son sus templos; el arte egipcio está dominado por figuras de sus dioses; los nombres de los dioses más adorados; y raramente hay algún texto o inscripción que no haga mención al menos de uno o más dioses.

La afirmación de Herodoto de que los egipcios eran religiosos “en exceso”, refleja una noción de religión particularmente occidental, una que (comenzando con los griegos) ha separado religión de otras esferas de la existencia humana diaria, como el gobierno, el comportamiento social, intelectual y científico. En el antiguo Egipto no había tal separación. Lo que llamamos “religión” egipcia, no es nada más ni nada menos que el mundo egipcio tal como ellos lo entendían.

Ya sea que crean o no en la existencia de un dios (o dioses), la mayoría de las sociedades modernas miran al mundo objetivamente, como una colección de elementos impersonales,  fuerzas. Entendemos, por ejemplo, que el viento surge por la presión diferencial entre alta y baja presión; que la gente se enferma por gérmenes o virus; y que las cosas crecen y cambian por procesos químicos o biológicos. Este conocimiento es heredado luego de siglos de experimentación y pensamiento científico.

Los antiguos egipcios enfrentaron el mismo universo físico que nosotros, y también intentaron entenderlo y manejarlo. Pero, sin el beneficio de nuestro conocimiento acumulado, tuvieron que encontrar sus propias explicaciones para fenómenos naturales  y los propios métodos para sobrellevarlos. La respuesta a la que llegaron es lo que llamamos “religión egipcia”.

Donde vemos elementos impersonales o fuerzas trabajando en el mundo, los egipcios vieron los deseos y acciones de seres más grandes que ellos: los dioses. Sin conocer el origen científico de la enfermedad, por ejemplo, imaginaron que alguna fuerza malévola se encontraba detrás de ella. Para esto desarrollaron remedios prácticos para combatir la enfermedad, y también creían que eran necesarios para aplacar o alejar las fuerzas que la habían causado en primer lugar. Los textos médicos egipcios, entonces, contienen no solo descripciones detalladas de medicamentos físicos y recetas farmacéuticas, sino también formulas “mágicas”. Lo que distinguimos como “ciencia” de la medicina y la “religión” mágica, era para los egipcios una y lo mismo.

Los dioses y diosas egipcios no eran nada más ni nada menos que los elementos y fuerzas del universo. Los dioses no solamente “controlaban” estos fenómenos, como el dios griego Zeus con sus rayos, sino que ERAN los elementos y fuerzas del mundo. El viento por ejemplo, era el dios Shu; en un texto, Shu se describe del siguiente modo: “Soy Shu… mi vestimenta es el viento… mi piel es la presión del viento”. Cuando un egipcio sentía el viento en su rostro, sentía que Shu había pasado junto a él.

Del mismo modo que existen cientos de elementos reconocibles y fuerzas de la naturaleza, también había cientos de dioses egipcios. Los más importantes, por supuesto, eran los más grandes fenómenos naturales. Ellos incluían a Atum, la fuente original de toda la materia y sus descendientes: Geb y Nut, la tierra y el cielo, Shu, la atmósfera, Ra, el sol, Osiris, el poder masculino de regeneración e Isis, el principio femenino de maternidad. Lo que podríamos considerar principios abstractos del comportamiento humano, eran también dioses y diosas: por ejemplo, el orden y la armonía, Ma’at, el desorden y el caos, Seth, la creatividad, Ptah, el razonamiento, Thot, la ira, Sekhmet y el amor, Hathor.

El poder de la monarquía también era un dios, Horus, personificado no solo en el sol como la fuerza dominante de la naturaleza, sino también en la persona del faraón, como la fuerza dominante en la sociedad humana. Nuestra separación entre “religión” y “gobierno” habría sido incomprensible para un egipcio antiguo. Aunque se rebelaron contra reyes individuales, e incluso los asesinaron, nunca reemplazaron el sistema faraónico con otro sistema de gobierno. Hacerlo habría sido tan impensable como reemplazar el sol con otra cosa.

Los egipcios veían los deseos y acciones de sus dioses en acción en los fenómenos de la vida diaria: Ra, en el retorno diario de la luz y tibieza; Osiris e Isis, en el milagro del nacimiento; Ma’at o Seth, en la armonía y discordia de las relaciones humanas; Ptah y Thot en la creación de edificios, arte y literatura; y Horus, en el rey cuyo reinado hacía posible la vida misma.

En muchos casos, ellos también vieron la presencia de sus dioses en ciertas especies de animales: Horus por ejemplo, en el halcón, que vuela sobre todas las criaturas vivientes; o Sekhmet, en la ferocidad del león. Esta asociación es la clave para muchas imágenes de dioses con cabeza de animal en el arte egipcio. Para un egipcio, la imagen de una mujer con cabeza de leona, por ejemplo, encerraba dos cosas: por un lado, que no era la imagen de una mujer humana, por ello, se refería a una diosa, y segundo, que la diosa en cuestión era Sekhmet. Estas imágenes no querían demostrar cómo lucían los dioses, sino que son ideogramas a gran escala.

Ya que los egipcios veían a los dioses en todos los comportamientos naturales y humanos, sus intentos de explicar y sobrellevar tal comportamiento se enfocaba, naturalmente, en los dioses. Los mitos egipcios son la contraparte de nuestros textos científicos: ambos explican lo que el mundo es, y porqué se comporta del modo que lo hace. Los himnos egipcios, oraciones y rituales de ofrenda, tienen el mismo propósito que nuestra ingeniería genética o plantas de energía nuclear; ambos son intentos de mediar los efectos de las fuerzas naturales y volverlos algo ventajoso para el hombre.

Aunque los egipcios reconocían a la mayoría de los fenómenos naturales y sociales como fuerzas divinas separadas, también notaron que muchas estaban relacionadas y podían ser entendidas como diferentes aspectos de una fuerza natural. Esto está expresado en la práctica conocida como “sincretismo”, la combinación de varios dioses en uno. El sol, por ejemplo, podía ser visto no solo como la fuente física de luz y calor (Ra), sino también como la fuerza gobernante de la naturaleza (Horus), cuya aparición al amanecer por el Akhet (horizonte) hace toda vida posible. Esta percepción resultó en el dios combinado Ra-Horakhty (Ra, Horus del horizonte). La tendencia al sincretismo es visible en todos los periodos de la historia egipcia. Explica no solo la combinación de varios dioses egipcios, sino también la facilidad con la que los egipcios aceptaban dioses extranjeros, como Baal y Astarte, dentro de su panteón, como formas diferentes de sus dioses familiares.

Para la Dinastía XVIII, los teólogos egipcios llegaron incluso a reconocer que todas las fuerzas divinas podían ser entendidas como aspectos de un solo y gran dios, Amun, “rey de los dioses”. El nombre Amun significa “oculto”. Aunque sus deseos y acciones podían ser vistos en los fenómenos individuales de la naturaleza, Amun mismo estaba por sobre todas ellas: “más allá del cielo, más profundo que la Duat… demasiado secreto para descubrir su grandiosidad… demasiado poderoso para conocer”. De todos los dioses egipcios, Amun solo existía separado de la naturaleza, pero así mismo, su presencia podía ser sentida en todos los fenómenos de la vida diaria. Los egipcios expresaron este carácter dual en la forma combinada de Amun-Ra, un dios que estaba “oculto” pero manifestado en las fuerzas naturales más grandes.

A pesar de este descubrimiento, los antiguos egipcios nunca abandonaron su creencia en muchos dioses. Respecto a esto, su entendimiento de divinidad era similar a la del concepto cristiano tardío de trinidad: un dios que puede tener más de una personalidad.

Aunque puedan resultar bizarros para los creyentes modernos, la religión de los dioses egipcios no es tan diferente de religiones que son más familiares para nosotros. En lugar de ser un fenómeno aislado de la historia humana, esta religión, de hecho, se encuentra al inicio del desarrollo intelectual moderno y su desarrollo.

Bibliografía: James P. Allen “Middle Egyptian”

Fuente: http://www.revista-wicca.com.ar/mitologia10-egipcia.html