El hipopótamo, que robaba y pisoteaba los cultivos, fue más temido por su voraz apetito que por su cierta antipatía a los hombres. Desde tiempos antiguos se le consideró una manifestación del desorden, y en consecuencia, del mal. Las escenas de caza de hipopótamos son comunes en las mastabas de los nobles del Reino Antiguo, y parte de la función de las mismas fue, probablemente, la de preservar el orden en la otra vida del difunto.

Una función similar debieron tener los encantadores animales de fayenza azul encontrados usualmente en tumbas del Reino Medio, que no eran ciertamente simples  ornamentos, aunque a menudo aparezcan cuidadosamente decorados con flores, plantas  y pájaros del medio natural del hipopótamo. ¡Tal vez esta decoración pretendía ayudar a mantener mágicamente al animal en su propio hábitat! Aunque estas representaciones pueden manifestar cierta ambivalencia hacia el hipopótamo, en períodos posteriores fue directamente equiparado con el propio dios Set (aquí visto desde el wesirianismo como una deidad maligna). 

 

En los muros del templo ptolemaico de Edfú se reproduce el denominado “Mito de Heru”, que explica cómo Heru Behedety combatió en la barca de Ra contra los enemigos del dios sol, representados en forma de cocodrilos e hipopótamos. En otra narración Heru-sa-Aset combate contra Set, que aparece como un hipopótamo rojo. Incluso la compuesta Am’mit, la temible “devoradora de corazones” que acechaba en la Sala de la Doble Ma’ati, estaba representada con mandíbulas de cocodrilo y las patas traseras de hipopótamo.

 

A pesar de esta considerable animadversión hacia el gigante herbívoro, este animal  -como el cocodrilo- también tenía una parte más positiva. La hembra del hipopótamo era considerada con respeto como una gran defensora de su cría y, así, las diosas Aset, Hethert y Nut, que actuaban en el renacimiento del difunto, podían aparecer en forma de hipopótamo hembra. Por ejemplo, en las pinturas astronómicas de las tumbas del Reino Nuevo, una de las constelaciones circumpolares del norte representa a Aset como un poderoso hipopótamo que contiene el cuarto delantero de Set.

 

El hipopótamo funcionaba también como un símbolo de fertilidad, y en este papel se le conoce mejor como Taweret “La Grande”, diosa hipopótamo del embarazo, a la que se representaba de pie sobre sus patas traseras, en posición humana y, usualmente, con una pata apoyada en un signo jeroglífico SA de “protección”.

Tal vez la cama funeraria con cabeza de hipopótamo hembra encontrada en la tumba de Tut-ankh-Amun, fue ideada para expresar esta misma imagen de protección y renacimiento, igual que la cama con forma de vaca Hethert hallada en la misma tumba, que hace juego con ella.

 

La iconografía de este animal es, pues, variable. Mientras que el hipopótamo recostado sobre sus patas traseras representa generalmente los aspectos más positivos del animal, los hipopótamos erectos sobre sus cuatro patas connotan usualmente hostilidad aunque ciertas obras, como la cama funeraria, podrían ser excepciones de esta norma general.

Fuente: Richard H. Wilkinson, “Cómo leer el arte egipcio”, Ed. Crítica.

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“Sigue los pasos de tus ancestros, 

porque la mente es entrenada a través del conocimiento.

Mira, sus palabras perduran…

sigue su sabio consejo.”

Extracto del “Libro de Kheti”

(“Selections from the Husia: Sacred Wisdom of Ancient Egypt”;

seleccionado y vuelto a traducir por Maulana Karenga).

La veneración de los ancestros es comúnmente llamada “adoración de los ancestros”, un nombre incorrecto que me angustia cada vez que me lo encuentro. Muchos de los que usan este término inapropiado son escépticos que descartan cualquier concepto de vida después de la muerte o tradición de honrar a  los muertos como supersticiones tontas.

Otros lo consideran una práctica pagana que ofende su concepto de Dios, y un obstáculo para convertir a otros a su religión. Pero la mayoría simplemente no tiene conocimiento real acerca de las tradiciones de veneración de los antepasados, especialmente en el caso de aquellos que vivimos en una sociedad occidental.

Venerar a nuestros antepasados no es un acto de adoración; después de todo, no son dioses. En realidad, es una forma de continuar mostrando el amor y el respeto que tuvimos no sólo por aquellos parientes y gente querida que conocimos cuando estaban vivos, sino también por nuestros ancestros que no conocimos. Al honrarlos a través de la veneración les decimos: “Gracias por mi existencia, por quien soy y por aquello en lo que me convertiré.”

Nuestros ancestros pueden ser una fuerza vital en nuestras vidas. Permanecen en la Duat -entre los pilares gemelos de la Vida y la Muerte- comunicando el conocimiento que sólo ellos pueden dar. Nuestros ancestros pueden ir a donde los dioses no pueden. Pueden ayudarnos con cosas tan simples como encontrar unas llaves, o unirse para expulsar a un espíritu malicioso. todo lo que tenemos que hacer es pedírselo. La veneración es otra vía mediante la cual podemos pedirles ayuda y dar gracias por ella.

La veneración de los ancestros es parte de mi práctica del Kemetismo Ortodoxo. Mantengo un altar para mis Akhu (ancestros) en mi casa, al igual que muchos seguidores de la religión. Venera a mis Akhu una vez por semana, y también en sus cumpleaños y fechas especiales. No obstante, la veneración de los ancestros no es exclusiva de mi religión; está ampliamente representada en muchas culturas y tradiciones alrededor del mundo, tanto presentes como pasadas. Por el momento, mi propósito es educar e informar a través de la siguiente información a todos aquellos que deseen conocer acerca de la veneración de los ancestros (y quizás practicarla ellos mismos) desde la perspectiva de mi propia religión, incluyendo otras visiones tradicionales y culturales al respecto en mi próximo libro.

Creo que nuestros ancestros aun nos aman y cuidan, y quieren estar involucrados en nuestra vida diaria. A través del acto de veneración, volvemos a darle vida a aquellos que nos la dieron, y aquellos a los que amamos viven para siempre a través de nuestros recuerdos. A cambio, su sabiduría y consejos pueden enriquecer muchísimo nuestro crecimiento espiritual antes de que nos reunamos con ellos en el Hermoso Oeste.

¿A quiénes puedo tener en mi altar de los ancestros?

El reino de los muertos Benditos abarca a todos aquellos por los que sientes afecto. No tienen por qué ser sólo parientes sanguíneos: parejas, compañeros, buenos amigos y parientes políticos, todos tienen su lugar en tu altar, si eliges incluirlos. Sin embargo, incluir celebridades (a menos que las hayas conocido personalmente)y figuras históricas es dudoso. Invocar a los espíritus de gente que realmente no conoces demasiado bien es equivalente a invitar a un extraño de la calle a mudarse contigo. Conozco algunas excepciones en donde los Akhu de antiguos egipcios en museos pidieron a algunas personas ser honrados en sus altares. Pero fuera de estas circunstancias inusuales, mantengo lo dicho previamente.

Nuestras queridas mascotas son una fuente de intenso afecto y bienestar, por lo tanto podrías querer honrarlas también cuando mueren. No obstante, recomiendo tener un espacio separado para honrar a las mascotas fuera del altar de los ancestros, porque su esencia se encuentra en el reino de los netjeri, o espíritus de la naturaleza, y éstos no se juntan bien con las almas humanas a nivel psíquico.

Por ejemplo, mi altar de Akhu y está sobre un estante en mi estudio, pero tengo un lugar especial para mis dos perros en un estante en mi cocina. En este espacio tengo sus cenizas, fotos de ellos y una estatua de Yinepu (Anubis). Ocasionalmente les dejo pequeños platos de agua y otras cosas que les gustaban en vida.

¿Tengo que honrar ancestros abusivos?

Absolutamente no. La veneración es un acto de respeto, y el respeto debe ser ganado. Si tienes ancestros que fueron abusivos física, sexual o emocionalmente, no pertenecen automáticamente a tu altar sólo porque eran tus parientes. Nunca debes sentirte obligado por culpa o parentesco a venerar a alguien que te trató mal (o a otros) cuando estaba vivo.

 Sin embargo, conozco situaciones en las que ancestros abusivos se dieron cuenta de sus errores luego de su muerte, y comunicaron su arrepentimiento a sus parientes vivos a través de sueños y otras revelaciones. Aun en este caso, depende de ti incluirlos o no en tu altar. Algunas personas pueden querer intentar personar a sus ancestros abusivos como parte de un proceso de iluminación espiritual. Otros no, y no necesariamente está mal lo que hacen. Puedes hacer lo que sientas que es correcto para tu situación particular. Y probablemente cambies de opinión más adelante.

¿Con qué frecuencia debo venerar a mis ancestros?

Como mencioné anteriormente, una vez por semana es suficiente -si bien puedes atenderlos más seguido si quieres-. Los cumpleaños y las fechas especiales de tu religión son momentos apropiados para la veneración. Si sientes que no puedes mantener una rutina regular para esto, es mejor no armar un altar. Por supuesto, hay excepciones por viajes o enfermedad.

Armando el altar de los ancestros

Un altar de ancestros puede ser un altar separado y permanente en tu hogar, o la parte superior de una biblioteca, mueble o chimenea. Un mantel blanco o azul oscuro (representando a Nut sería apropiado, o quizás algo que haya pertenecido a uno de tus ancestros, como un mantelito, una pequeña alfombra, una carpeta o también un pañuelo grande. A los ancestros los hace muy felices que su altar esté en una habitación que se usa a diario, ya que les gusta seguir siendo parte de la familia. Una mesita en el living es mejor para ellos que un estante en una habitación que no se usa. De hecho, no se recomienda tener el altar en el dormitorio porque podría causar sueños raros y otras cosas inusuales.

Siempre es bueno tener fotos de tus ancestros en ele altar, porque crea un vínculo visual con ellos. Sin embargo, asegúrate de que no haya personas o animales vivos en la foto junto con ellos. Estás creando un lugar para honrar a los muertos Benditos. Incluir a los vivos en este espacio no es una buena idea, e inclusive se considera mal heka (práctica magia/espiritual) para aquellos en las fotos que aún viven. Si no tienes una foto de un ancestro conocido, puedes escribir su nombre en una tarjeta o papel y ponerlo en tu altar, Inclusive puedes tener tu propio “Libro de los Muertos” -un diario o cuaderno conteniendo los nombres de aquellos que deseas honrar en tu altar. De hecho, yo tengo uno en mi altar, y lo uso para leer en voz alta los nombres de mis Akhu durante la veneración. Otras cosas que puedes tener en tu altar son algunas posesiones favoritas de tus ancestros: libros, lapiceras, abrecartas y demás.

También puedes incluir representaciones de divinidades de tu tradición religiosa asociadas con la muerte y el Más Allá. en mi tradición, generalmente se colocan imágenes de Wesir (Osiris), Yinepu, Hethert (Hathor como Señora del Oeste en su Nombre de Amentet) y Nebt-Het (Neftis) en los Altares de Akhu. Otras imágenes apropiadas podrían ser Hécate, Kali, Demeter, Perséfone, Kore, la Virgen María, etc.

Elementos del altar para la veneración

Una vez que establezcas el altar de tus ancestros, deberías usarlo durante la veneración. ¡No es bueno tener ancestros abandonados en la casa!

Los siguientes elementos son recomendables para tenerlos tanto en el altar como cerca:

– Un recipiente o copa pequeña para las libaciones

– Una jarra pequeña

– Platito para ofrendas

– Florero

– Vela

– Sahumerio y porta sahumerio / incienso e incensario

Hay muchos locales donde se pueden conseguir estos elementos. Las copas para sake, jarritas y platos para dulces son muy útiles para presentar ofrendas en el altar.

Ofrendas y plegarias: el acto de veneración

Las flores son algo bonito para tener en el altar siempre, o como parte de una ofrenda. También puedes ofrecer comidas y bebidas que tus seres queridos hayan disfrutado cuando estaban vivos (ver nota). El agua fresca y la miel eran ofrendas tradicionales dadas a los muertos en el Antiguo Egipto, y aún hoy se las emplea en los atares de Akhu del Kemetismo Ortodoxo. Al ofrendar comida envasada y/o caramelos, es importante desenvolverlos primero por cortesía; la esencia de la ofrenda es aprovechada mejor de esta manera. Las ofrendas de comida deben ser pequeñas para minimizar el desperdicio; una cucharada (más o menos) es suficiente.

Los restos de ofrendas pueden dejarse debajo de un árbol o arbusto, enterrarlos o envolverlos por separado y tirarlos a la basura. Las libaciones se pueden dejar afuera para que se evaporen o volcarlas en la tierra. No es recomendable comer ni beber las ofrendas que damos a nuestros ancestros, cosa que se hace con las ofrendas dadas a las divinidades. A diferencia de los dioses, los Akhu no “revierten” las ofrendas tomando la esencia original de estas y luego bendiciéndola para que nosotros las comamos o bebamos. Lo que los muertos reciben, se lo quedan.

Si algún alimento o bebida se pudre muy rápidamente, considéralo una señal de que a alguien no le gustó, ¡y no la ofrezcas de nuevo!

(Como aclaración: si alguno de tus ancestros le gustaban mucho las bebidas alcohólicas y hay miembros de tu familia en recuperación, no ofrezcas alcohol. No es obligatorio ofrendar sustancias que puedan ser potencialmente dañinas o molestas -como en el caso de alergias a flores o sahumerios- para venerar a nuestros ancestros).

Al momento de la veneración, se encienden las velas y sahumerios (opcional), se hace una libación a los ancestros y se les ofrenda un poco de sus alimentos preferidos. También puedes recitar una plegaria de ofrenda antigua llamada “Hotep di Nisut” u “Ofrenda del Rey”, ya que era tradicional que el Faraón hiciese ofrendas a favor de las personas en ocasiones importantes. Hay muchas traducciones y variantes de esta plegaria, que ha sido encontrada en las paredes de las tumbas del Antiguo Egipto. Más tarde fue llamada “Peret em Heru”, u “Ofrenda de Boca”. De hecho, recitar esta plegaria es hacer que las ofrendas se hagan realidad en el Oeste, ¡y es una ofrenda muy generosa!

 Una Plegaria Hotep di Nisut

 Una ofrenda que el Rey da a Yinepu-Sobre-su-Montaña y a Wesir, Señor de Abydos: un millar de panes, un millar de cervezas, un millar de aceite y alabastro y lino, un millar de carnes y aves y todas las cosas buenas y puras que el cielo da, la tierra produce y la inundación trae, para el ka de (nombre), ma’akheru.*

 *(ma’ajerú) “Verdadero de Voz”: un término utilizado para nombrar a un alma que ha pasado el Juicio.

 Luego de que las ofrendas estén en su lugar, puedes comenzar la veneración con una plegaria forma de tu tradición, o simplemente hablar con tus ancestros informalmente. En algún momento es bueno presentar y nombrar las ofrendas, y tocar las fotos o nombres escritos de tus antepasados diciendo sus nombres en voz alta. Al hablar de “plegarias”, quiero reforzar lo dicho anteriormente acerca de que nuestros antepasados no son dioses y que no les estamos “rezando” como tales. En este caso, las plegarias son simplemente maneras de comunicarnos con nuestros seres queridos como cuando hablábamos con ellos en persona o por teléfono cuando vivían. De hecho, ¡podrías considerar la veneración a los antepasados similar a hacer una llamada de larga distancia!

De ser posible, visita a tus antepasados en el cementerio de vez en cuando, en especial en sus cumpleaños y fechas especiales. Cuando yo vivía cerca de las criptas de mis abuelos paternos (luego me mudé fuera del estado), llevaba flores y comida de picnic, y luego de poner flores en sus criptas les ofrecía un poco de comida y “charlaba” con mis abuelos. Les contaba las últimas noticias de la familia y meditaba en silencio para poder escuchar los mensajes que tenían para mí. Luego recitaba la plegaria “Hotep di Nisut” para cada uno de ellos. Después recitaba la plegaria una vez más para todos aquellos que estaban enterrados en el mausoleo con mis abuelos, y ofrendaba agua en algunas de las criptas y tumbas de los alrededores.

Hacer trabajos voluntarios de limpieza en el cementerio local es un buen servicio hacia los antepasados, aunque ningún pariente o ser querido esté enterrado allí. Antes de hacerlo es prudente ir primero a la oficina principal del cementerio -si hay una- e informarles acerca de tus actividades. Debido a los robos, destrozos y otras faltas de respeto que ocurren en los cementerios ¡no querrás que te tomen por un vándalo!

Autora: Imakhu Senyt-Menu (Rev. Ginette Novello)

Traducido al español por Uditbast

El dios Jenun creando a los hombres sobre su torno de alfarero.

Los primeros actos mágicos que recuerda la ancestral memoria egipcia fueron los ejecutados por los dioses cosmogónicos para llevar a cabo la creación del mundo. Gracias a los más antiguos escritos religiosos conocidos, que son los Textos de las Pirámides de las dinastías V y VI (hacia el 2.600 a. de C.), existentes en la necrópolis de Sakara, podemos conocer la manera en que los egipcios imaginaban el universo antes de la creación.

En aquél tiempo no existía todavía el cielo, ni la tierra; no había hombres, y los dioses no habían nacido todavía, ni siquiera existía aún la muerte. Los gérmenes de todo ser y de toda cosa se encontraban en estado inerte, confundidos en el seno de un abismo llamado el Nun. En el Nun flotaba un espíritu divino indefinido que llevaba en sí mismo la semilla de todas las existencias que vendrían después. De ahí su nombre, Tum, o Atum, que quiere decir al mismo tiempo la nada y la totalidad.

Tum se encontraba en estado informe, inestable e inconsistente. En un momento determinado, Tum sintió la necesidad de desarrollar una actividad creadora y deseó dar vida en su corazón a todo lo que existe. Y entonces, se alzó fuera del Nun y de las cosas inerte. En ese puntual momento, se hizo la luz y existió el sol. Así, eran perfectamente compatibles las creencias que hacían creadores del cosmos y de todo lo que existe a dioses diferentes, según la localidad egipcia de que se tratase. Solamente se discutía quien fue antes, si Ptah de Menfis, o Atum de Heliópolis, pero, la verdad sea dicha, sin demasiadas complicaciones.

Menfis

La teología de la ciudad de Menfis, una de las más prestigiosas y antiguas de Egipto, hacía del dios Ptah el creador primigenio del mundo. Ptah era una divinidad habitualmente representada como una momia con las manos fuera de sus vendajes en las que sujetaba tres amuletos de gran poder mágico: el cetro Uas, el pilar Dyed y la cruz de vida, Anj. El dios estaba tocado con un casquete que dejaba al aire sus dos orejas. Una barba recta adornaba su rostro. Siempre se le mostraba subido sobre un objeto trapezoidal que era la expresión ideográfica de la idea de ‘Justicia’, ‘Equilibrio’; es decir, la Ma’at. De este modo se quería representar que, cuando se produjo la creación del primer día, él ya se alzaba sobre el principio regulador del orden que organizó el caos.

Los relatos religiosos de la teología de Menfis nos relatan que este dios creador realizó desde el principio su labor actuando con sus poderes mágicos. Al inicio, según nos cuentan dichos textos, solo existía el gran, inmóvil e infinito mar de las aguas del caos. No se había hecho la luz, pero tampoco la oscuridad. La gran materia universal estaba inerte.

Pero Ptah, el increado, ya estaba allí. Y en su corazón se concibió la imagen del dios Atum. Y Ptah utilizó su lengua para pronunciar el nombre del nuevo dios, y en su virtud, Atum fue creado por Ptah. Y lo mismo hizo Ptah para dar vida a las primeras aguas, llamadas Nun y Nunet; las primeras extensiones vacías, a las que llamó Huh y Huhet; y creó también las primeras fuerzas negativas para hacer equilibrio contra las positivas, y las llamó Niau y Niauet; y creó a Amón y a Amonet, dioses de lo que no se vé.

Él ordenó la vida de todos los dioses y de sus Kau, o esencias energéticas. De esta manera, se manifestó la supremacía del corazón y de la lengua sobre todos los seres, conforme a la enseñanza antigua que explica que, el corazón es el elemento dominante de cada cuerpo, y la lengua, el elemento dominante de cada boca, en todos los dioses, todos los hombres, todos los animales y todo lo que vive.

Heliópolis

Otra gran ciudad santa de Egipto, la prestigiosa Iunu, la Heliópolis de los griegos, concibió su propio mito creador en torno, esta vez, al dios Atum-Ra. Este dios, cuyo nombre significaba ‘lo que está completo, perfecto’, era normalmente representado bajo la forma de un hombre que llevaba sobre su cabeza la doble corona del Alto y del Bajo Egipto.

Antes de la creación se decía que había estado sumergido en el océano primordial, el Nun. Esto sucedió antes de que la tierra y el cielo fueran separados. Estas aguas primordiales que contenían a Atum, tenían también en sí mismas todas las esencias de los demás dioses, de los hombres y de los otros seres vivos. Atum estaba, pues, inerte, sin posibilidad de ponerse erecto sobre sí mismo. En ese momento, cuentan los textos, Atum habló al Nun y le dijo: ‘Yo flotaba absolutamente inerte, entonces mi hijo, la Vida, me hizo consciente haciendo vivir mi De la unión carnal entre el dios Shu y su hermana, la diosa Tefnut, la primera pareja del mundo, nacieron los elementos espaciales del universo: Gueb, el dios de la tierra, y Nut, la diosa del cielo. La tierra era, pues, para los egipcios el elemento masculino y el cielo, el principio femenino y fecundo del mundo, pues de él partía la luz imprescindible para el nacimiento de la vida. Esta segunda pareja tuvo, a su vez, cuatro hijos : Osiris, Isis, Seth y Neftis.

Eran dos nuevas parejas que se unirían de nuevo entre sí, practicando el incesto ritual. La primera de ellas, constituida por Osiris e Isis, simbolizaba las potencias de fertilidad del suelo y el equilibrio de la vida; la segunda, la esterilidad y los trastornos infelices. De este modo se contraponía el valle, verde y fértil, frente al desierto, estéril y amenazador. Así, la Eneáda de los dioses fue perfecta: el número Nueve regía la creación.

La narración heliopolitana de la creación del mundo, deja testimonio en los textos que la relatan de la gran fuerza mágica utilizada para llevarla a cabo. En estos relatos se hace una mención casi constante del término ‘Jeper’, que viene a significar algo parecido a ‘venir a la existencia, manifestarse’, y de su derivado ‘Jeperu’ que significa ‘formas o manifestaciones materializadas’. Los textos repiten, en forma mántrica dichas palabras enormemente poderosas. Era la invocación repetida para instar la ‘manifestación de lo que se quería crear’.

Hermópolis

La ciudad de Hermópolis, situada en el Egipto Medio y lugar de culto del dios Thot, también concibió su propio mito cosmogónico en torno a los métodos mágicos empleados por este dios, el gran mago por excelencia, patrón de la sabiduría y de la escritura, que era representado bajo la forma de un hombre con cabeza de Ibis sagrado, (Threskiornis aethiopicus), o bajo el aspecto de un babuino (Papio Cynocephalus).

Thot llevó a cabo su acto creador por medio de la utilización mágica del número Ocho, el elegido para expresar la perfección de la obra del demiurgo. Así pues, y de creer a la cosmogonía hermopolitana, al principio, existían ocho dioses primordiales que estaban situados sobre la colina primigenia, el primer montículo de tierra que emergió de las aguas del océano caótico. Eran cuatro parejas divinas compuestas de un macho y una hembra, cada una de ellas. Habían tomado la forma de ranas y serpientes. Sus nombres eran Nun y Nunet, representaciones del elemento líquido; Hehu y Hehet, símbolos de la eternidad del tiempo; Keku y Keket, la oscuridad del mundo sin luz; y, finalmente, Amon y Amonet, la potencia divina Oculta que guardaba dentro de sí misma el caos primordial.

Según la expresada doctrina, fueron estos ocho dioses los que concibieron la creación del mundo. Elaboraron un gran huevo que depositaron sobre la colina primordial en la cual residían, del cual, salió brillante y esplendente el propio astro solar, el dios Ra. Conforme a otras versiones, lo que los Ocho de Hermópolis crearon fue un nenúfar, la hermosa flor de las aguas, cuyos pétalos se abrieron para dar vida al sol en forma de niño con el dedo en la boca y tocado con una corona que llevaba el Úreus. De este modo, la elevación de esta flor de las aguas hasta la nariz de los dioses o de los difuntos, tal y como vemos en las tumbas egipcias, quería significar la creación de la vida solar y el nacimiento a una nueva vida de eternidad, a ejemplo e imitación del dios Ra.

Elefantina y Esnah

Otro gran medio mágico utilizado para crear la vida y el mundo, fue el empleado por otra divinidad cosmogónica, ésta vez originaria de la isla de Elefantina, situada en la primera catarata del Nilo, y de la ciudad de Esnah, en el Alto Egipto. Se trata del dios Jenum, divinidad normalmente representada bajo el aspecto de un hombre con cabeza de carnero de cuernos ondulados (Ovis longipes).

Según los textos del Templo de Esnah, el dios Jenum utilizó sus manos y el barro, hecho con tierra y agua del Nilo, para llevar a cabo la creación de los dioses, de los hombres y de todos los seres vivientes. Según esta tradición todos ellos fueron modelados en el torno de alfarero del dios con cabeza de carnero, y después de ello, les fue dado el soplo de la vida. Eran pequeñas figuras hechas por el gran mago divino, para ser luego dotadas de vida por medio de la voz salida de la boca del dios. Esta manera de hacer magia, por medio de las llamadas ‘figuras de sustitución’, sería muy practicada por los magos en el Antiguo Egipto.

Sais

La diosa Neith de la ciudad de Sais también tenía atribuida la creación del universo, en tanto que ella era, según los textos religiosos, ‘el padre de los padres’ y ‘la madre de las madres’. Ella salió del Nun y creó los primeros treinta dioses, utilizando el método del modelado y la imposición del nombre a cada uno de ellos, con lo que les dio la vida.

Después, Neith, adoptando la forma de la Vaca sagrada Ahet meditó sobre lo que debía venir a la existencia y dijo: ‘Un dios augusto va a aparecer hoy. Cuando él abra su ojo, existirá la luz, cuando él lo cierre, se harán las tinieblas. Los hombres nacerán de las lágrimas de su ojo y los dioses de la saliva de sus labios. Os diré su nombre: será Jepri al amanecer y Atum al atardecer, y será el dios brillante por todo el tiempo infinito, en su nombre de Ra, cada día’. Como consecuencia del acto creador de la diosa Neith, siempre según su escuela teológica, surgirían otras divinidades muy importantes del panteón egipcio, tales como el dios sol Ra, o como el dios Thot, que, se decía, había nacido del corazón del primero en un momento de tristeza.

Por su parte, la aplicación de esta teoría en la enseñanza de la escuela tebana, que hacía del dios Amón el máximo creador del universo, está resumida en un documento datado en época de Ramsés II (hacia el 1279-1213 a. de C.), que señalaba que: ‘…Tres son los dioses que no tienen igual: Amon, Ra y Ptah. Su nombre está oculto, en tanto que Amon; Ra es la cabeza y Ptah el cuerpo. Sus ciudades sobre la tierra están establecidas para siempre: Tebas, Heliópolis y Menfis para la eternidad. Cuando hay un mensaje del cielo se oye en Heliópolis; se repite en Menfis, por el dios ‘del bello rostro’ (Ptah), y se hace con él una carta escrita con los caracteres de Thot para ser enviado a la ciudad de Amon. Su respuesta es dada en Tebas y una orden sale de ella (haciéndola vivir)’.

Autor:  Dr. Francisco J. Martín Valentín.

 

BIBLIOGRAFIA:

Martín Valentín, F.: Los magos del Antiguo Egipto. Madrid, 2003.

 

Este artículo fue extraído de la web del IEAE: www.institutoestudiosantiguoegipto.com y es publicado sin ninguna modificación.

 Ilustración extraída de Mitologías, ed. Fleurus-Panini.

La muerte no existía para los antiguos egipcios tal como hoy la concebimos. Ellos tenían la certeza de que la vida proseguía después de la muerte y que lo que más importaba era no morir “por segunda vez”. Si se creía que la muerte era un mero tránsito, era a cambio de perpetuar el cuerpo del difunto y de someterlo a una serie de tratamientos que garantizasen que la putrefacción no lo alcanzaría. El mito de la muerte y resurrección del dios Wesir* se fundamentaba en tal idea. De hecho, los textos egipcios dicen que la momificación fue inventada por el dios Yinepu* para auxiliar a la diosa Aset* en sus trabajos para devolver la vida a su esposo amado.
 
 
La profunda razón por la que el cuerpo debía ser preservado contra la descomposición, era porque la religión wesiriana fundamentaba la supervivencia en el más allá en el hecho de que el cuerpo no desapareciera. De igual modo, tampoco podía desaparecer el nombre del difunto. Estos elementos y muchos más que componían la esencia de la identidad del muerto debían ser protegidos por medio de los ritos funerarios. Esto era lo que no se podía perder.
Al igual que cuando el ser  humano nacía se encarnaba en él las diferentes fuerzas espirituales que conformaban su personalidad individual, cuando moría había que impedir la desaparición del cuerpo terrestre, sede material de las esencias espirituales.  Si éstas eran capaces de identificar el cuerpo en el que residieron durante la vida, no lo abandonarían y, de tal modo, el difunto no desaparecería en la nada.
 
 
El rito de la “Apertura de la Boca” era consecuencia de esta creencia: conservado el cuerpo, se le devolvían por medio de la magia todas sus funciones vitales y, por tanto, había que seguir alimentándolo y procurándole todo cuanto fuera preciso para su supervivencia, desde un punto de vista material. No atender el culto de los muertos podría acarrear su profundo disgusto. Profanar sus moradas de eternidad, su maldición.
 
Respecto a lo que esperaba a los difuntos en el más allá, lo primero con lo que contaban era con el Juicio de Wesir*. Si no superaban este acto supremo de justicia que evaluaba sus acciones durante la vida terrestre, la pena era la desaparición en la nada: la segunda muerte. La momia iba protegida con numerosos amuletos, depositados entre las vendas, y a veces su corazón era sustituido por  los llamados “escarabeos de corazón” que llevaban inscrito un extracto del capítulo XXX del Libro de los Muertos, para impedir un testimonio negativo contra su dueño ante el Tribunal de Wesir*.
 
 
Así pues, lo que diferencia a las momias egipcias de cualquiera otras es que los cuerpos de los difuntos eran manipulados para que sus esencias espirituales quedasen “atadas” al cuerpo momificado, o lo que es lo mismo, siguiesen “vivas”. Por eso se ha de sentir una profunda piedad cuando contemplemos una momia egipcia. Quizás esté implorando a los vivos, en silencio, que sigan cuidando de su supervivencia tal como ellos la concebían.
 
 
 
Por Francisco Martín Valentín.
 
 
*Se han cambiado los nombres de las divinidades por su correspondencia kemética.

Papiro Ebers, muestra de escritura hierática

 

La escritura en Kemet

 

La escritura convertía en inmutable lo escrito. Así, la descripción (en templos y tumbas) de rituales, epítetos y cultos concretos aseguraban la pervivencia eterna de dichos ritos y cultos, por el mero hecho de haber sido escritos.

En el Antiguo Egipto existieron tres tipos de escritura: jeroglífica, hierática y demótica ¿Qué diferencia había entre las tres?

La jeroglífica fue utilizada desde la Dinastía I al Periodo Grecorromano y se empleaba para textos oficiales, funerarios y religiosos. Por ello aparece en tumbas, templos y papiros estructurada armónicamente, ya que la ubicación de sus símbolos y signos tenían una importancia vital para proporcionarles armonía y estética.

Como escritura sagrada, tenía un sentido mágico, a veces críptico. No estaba al alcance de toda la población, ni siquiera de la mayoría de los personajes más cultos, ni de todos los miembros del clero. Tuvo unos 7.000 signos a lo largo de la historia y una gramática compleja por lo que muy presumiblemente pudo ser del conocimiento de unos pocos y de aquellos que se iniciaban en “la Casa de la Vida”, una especie de escuela localizada en los principales templos cuyo paralelo en nuestros días es lo que hoy entendemos por universidad.

 Aunque no puede decirse que el pueblo egipcio fuera completamente analfabeto, la lectura y la escritura no eran materias que dominaran todos, aunque fuera deseable su conocimiento (como enseñan los textos sapienciales egipcios). Los textos egipcios insisten en transmitirnos los inmensos beneficios de saber leer y escribir, así como las virtudes del trabajo del escriba. Sin embargo, a menudo, los artistas se limitaban únicamente a copiar los escritos que se les entregaban y por ello, con frecuencia, encontramos numerosas faltas ortográficas o textos mal copiados.

Se escribía en columnas horizontales o verticales, de derecha a izquierda (preferiblemente) o de izquierda a derecha (menos veces) o de arriba a abajo. Como regla general, los mismos jeroglíficos dan la pauta para saber dónde comenzar a leer, ya que éstos miran hacia el lugar donde hay que empezar la lectura. Un hecho que no deja de ser curioso es que, a menudo, los símbolos gráficos que potencialmente pudieran ser peligrosos se “censuraban”. Por ejemplo, a veces, encontramos que el equivalente a nuestra consonante “f”, representada por una víbora cornuda, se dividía en dos, para que este animal venenoso no causara ningún mal o, si era posible, se sustituía por otro signo menos peligroso.

El hierático se utilizó a la vez que la grafía jeroglífica; se leía y se escribía de derecha a izquierda. Aunque también se usó para textos sagrados, generalmente, se empleó para asuntos laicos, es decir, aquellos relacionados con la administración, textos literarios, negocios, etc. Ésta consistía en una adaptación del jeroglífico, pudiendo decirse que fue la cursiva de los símbolos jeroglíficos.

 

El Demótico se incorporó a partir de la Dinastía XXV y fue una escritura más popular, siendo una estilización de la anterior.

En época tardía, la escritura conoce una evolución peculiar: aparece la criptografía, escritura reservada a iniciados que permite una lectura superficial, más o menos al alcance de todos los lectores, y una segunda lectura, reconocible sólo por cierto grupo selecto (de sacerdotes), una élite. Se han reconocido textos criptográficos en inscripciones que van desde templos a escarabeos. Aunque defectuosamente conocida, la escritura criptográfica egipcia conoció un cierto desarrollo desde la Baja Época hasta el final del Egipto grecorromano.

 

El jeroglífico egipcio conoció un desarrollo autóctono en el reino de Meroe, en el que se usó (en dos vertientes, monumental y cursivo) para transcribir una lengua africana. Si en Meroe tuvo algún uso simbólico, nos es desconocido.

 

[Fuente: Elisa Castel.: Egipto, Signos y Símbolos de lo Sagrado. Ed. Aldebarán. Madrid 1999, pág 166-167]

Barca de Amón

“La Bella Fiesta del Valle” (heb nefer en ipet), era la mayor festividad durante el Imperio Nuevo dedicada a honrar a los difuntos y a la Tríada de Waset (Tebas).
Este festival se celebraba cada año durante el segundo mes (Pa en Khonsu) de la estación Shomu, la estación de sequía y comienzo del verano, a la primera luna nueva (Pesdjentiu), y con una duración de 12 días.  Durante este festival, las imágenes sagradas de Amun-Ra, Su esposa Mut y Su Hijo Khonsu eran sacadas del Templo de Karnak con el objetivo de visitar los templos funerarios de los reyes muertos antaño, que se encuentran en la orilla occidental del Nilo y sus altares -de los Netjeru del Oeste-, incluyendo Het-Hert como la Dama del Oeste y Wesir, Rey de los Muertos. 
 
Amun-Ra viajaba en Su altar, escondido de la vista de la gente, sobre una barca sagrada portada a hombros por veinticuatro sacerdotes. La proa y popa de la barca eran decoradas con la cabeza del carnero de Amun, vistiendo un amplio collar Menat y el disco solar. Esta barca cruzaba el río sobre el Userhet, una barca de 67 pies de largo cubierta de oro y piedras preciosas constrída con cedro importado del Líbano. Una flotilla de barcas más pequeñas seguían la gran barca por el Nilo. En la imágen, relieve procedente de Deir el Medina, en el que se observa a Ramsés II ofreciendo incienso a la imagen sagrada de Amun-Ra. 
 
Este festival era momento de gran júbilo para el pueblo de Kemet, que saludaba la barca de Amón en su viaje y arrojaban flores, llevaban ofrendas de comida y bebida a las capillas de sus amados difuntos. Había mucha fiesta y celebración, y al final los participantes podían pasar la noche en las capillas funerarias a dormir junto a los muertos bendecidos, sus akhu, los que podrían comunicarse con ellos a través de sueños.

Himno a Amun-Ra
Autor: Senerpaitui

Honor a ti, Amun-Ra, que en Waset resides
Y recorres dichoso el cielo;
De bienaventurados mil seguido vas
En pos de las ácueas cimas celestiales.
 
Tú eres el Uno oculto, desconocido,
El que no tiene igual, Señor de los dioses,
Rico en nombres que no podría enumerar
Aun si mis torpes horas fueran las tuyas.
 
Tu poder se crece mientras Tu Majestad,
Segura, avanza hasta dar fin a las horas;
Penetrando incluso en la Tierra de Manu
Para volver al lugar que ayer ocupó.
 
Ten para ti nuestra adoración, Anciano,
Puesto que Tú creaste a dioses y a hombres todos
Y les concediste ser bajo las formas
Que Tu Majestad consideró precisas.
 
Tú eres aquel cuyo ser todo lo abarca,
Entre todos aquel que creó lo que existe,
Aquel a quien acuden todos los hombres
Y de cuya belleza se regocijan.
 
Dondequiera me encuentre a mi lado estás;
No hay extensión de la tierra, altura del
Cielo ni profundidad del mar en que tu
Ba no haya dejado huella sempiterna.
 
Tus fotones son capaces de excitar en
Los más lejanos parajes del espacio
Moléculas tan necesarias para la
Vida de los seres que Tú mismo creaste.
 
Cuando Tú brillas son felices los hombres,
Las plantas toman de tu energía y nos brindan
La hierba para el ganado y los frutos
Para los seres, contigo agradecidos.
 
Yo te adoro cuando traes sobre Tu frente
La corona Ureret, Señor de ambas
Riberas abarcadas por siempre por Tu
Luz que recorre inexpresables distancias.
 
Eres Khepera, que te creaste a ti mismo,
Gran Escarabajo Sagrado creador de
Los dioses; Tú, que te alzaste al principio
Sobre los ácueos abismos celestiales.
 
Tú, Heru-juti-Temu Heru-Khepera,
Fortísimo halcón, portador eviterno
De su propio rostro, bello, a causa de
Tus dos plumas –altas y sacras diademas.
 
ptahhotepMÁXIMA 36: De la necesidad de castigar y combatir el mal.
 
 

La máxima trigésimo sexta insiste, de manera breve, sobre la necesidad de castigar y erradicar el mal, antes de poder dar una enseñanza.

El humanismo beato que cree en la buena naturaleza del hombre, comete un error trágico; este último no se rectifica por sí mismo. Al contrario, si la fechoría cometida permanece impune, transforma a su autor en agresor y destructor.

 
“Castiga principalmente, enseña completamente (1), [pues] el acto de detener el mal será el establecimiento duradero de la virtud (2).
En cuanto a una fechoría, excepción hecha de la desgracia (3), es esto lo que transforma al quejumbroso en agresor (4).”
 
 
 
Notas: 
  
1. El sentido de los dos verbos es claro: khesef, “castigar, rechazar”; seba, “instruir, enseñar”. Pero la traducción de ambas preposiciones da mala cuenta de todos los matices que implican, Her-tep, literalmente: “sobre la cabeza”, “en la cima”, nos parece hace referencia a un acto esencial, primero, de donde “principalmente”.
Her-qed, literalmente: “sobre el carácter”, “sobre la forma”, significa también “completamente”, es decir, sin omitir un solo aspecto de la forma.

 

2. La traducción de Brunner: “pues si se atrapa al mal, servirá de ejemplo” (por la intimidación) nos parece insuficiente. La traducción “el mal” permanece hipotética, pero cuadra bien con el contexto.

 
 
3. Sep, “fechoría”; iyt, “lo que puede suceder, la desgracia”. Las traducciones “un castigo exceptuado para el crimen” (Lichtheim), “para un caso que no concierne a una mala acción” (Faulkner), “un castigo, pero sin fechoría” (Brunner) no nos parece convenir.
La idea de Ptahhotep, según nosotros, es la de que toda fechoría, y por tanto una mala acción cometida voluntariamente, transforma de manera negativa la naturaleza del hombre. La desgracia, en cambio, es un acto del destino; el hombre no puede ser acusado de ella.
 
 
4. Anay: “quejarse”. El que se conforma con quejarse se convierte en un ser peligroso cuando se pone a actuar, cuando comete un delito.

 

Fuente: C. Jacq, Las Máximas de Ptahhotep. El libro de la sabiduría egipcia, Madrid 1999.